El Patiño Trump

La historia se escribe hacia atrás. Muchos analistas serios se adelantaron a afirmar que el papel de Donald Trump en la elección norteamericana, no era sino una representación montada para legitimar la toma de la casa blanca por parte de la verdadera protagonista de la historia: Hillary Clinton. En aquel momento, en que la CNN y Fox le daban a Mr. Donald la ventaja en todas las encuestas, tal afirmación sonaba más bien a teoría del complot y era difícil que contribuyese a un debate más amplio. Hoy, en la recta final de la campaña a la presidencia, ya no importa si se trataba de una conspiración o de una serie de sucesos espontáneos y honestos, el mensaje es el mismo: el descontento social no tiene alternativa política.
Porque la campaña de Trump se baso desde un principio en el descontento social: un mal humor provocado por la caída de la economía, la concentración de la riqueza, la corrupción y la ineficacia de la política. Además de muchos factores que sólo adquirieron relevancia luego de salir se la boca del candidato, como la desinformación instrumentalizada a través del aparato mediático, controlado por un sector de la sociedad, cuyos intereses se contraponen a los del electorado, o el manejo especulativo de la economía, en detrimento del interés general.
Todo un conjunto de apreciaciones complejas del contexto político económico, asimiladas a golpe de crisis por un amplio sector de la población estadounidense, hoy pueden ser ignoradas y arrojadas a la basura, pues ¿qué seriedad pueden tener luego de haber pasado por el discurso del showman, Donald Trump? Ningún analista serio se atrevería a afirmar que está de acuerdo con las opiniones de un irresponsable radical.
Así funciona la pedagogía electoral de los estados unidos, una sociedad de competencia donde quien gana, tiene la razón. No importa que los argumentos sean tan poderosos, como los que utilizara el magnate: cuando la Clinton le acusó de evadir impuestos, el Show-man respondió que lo hacía porque las leyes de su país se lo permiten: “muchos evaden impuestos, incluidos muchos de los donantes a tu campaña”. Este argumento, al menos revelador, se descarta porque el actor que lo pronuncia juega el rol del malo, porque la política norteamericana es un Show de televisión que se coloca por encima de todo criterio o inteligencia. Trump es un Patiño, pero sus boberías y resbalones son extremadamente convenientes a los intereses del establishment norteamericano, representado por la candidata Hillary Clinton.
Da igual si muchas de las posturas que Trump retoma, han sido formuladas por intelectuales de la talla de Noam Chomsky o el político Bernie Sanders (como en el tema del seguro médico o el desmantelamiento de la industria), el guionista los ha mezclado y confundido con argumentos xenófobos, grotescas expresiones sexistas y muros fronterizos imposibles de construir, para convertirlos en necedades de una clase media confundida e ignorante. Así se educa a los electores y se les muestra la verdadera democracia; una en la que no pueden estar incluidas todas las opiniones, ni, mucho menos, todas las personas.
No puedo evitar pensar en el modo en que las instituciones económicas y políticas europeas, aplastaron la voluntad popular del pueblo griego (y, de paso, dieron una lección de comportamiento a toda la izquierda continental), cuando la Troika les impuso medidas de austeridad feroces, en clara oposición a un movimiento de masas que se había coronado con el ascenso de SYRIZA (el partido político que dio el triunfo al actual presidente Alexis Tsipras) y cuya voluntad política fue ratificada luego en un referéndum histórico. Una humillación multitudinaria que se apoyó en el eco del aparato mediático, con descalificaciones generales que acusaban al pueblo griego de corrupto y de exprimir la economía europea a favor de su comodidad y escaso esfuerzo laboral, ¡cuando los ciudadanos de aquel país se habían hecho conscientes de que todo ese desastre económico era por y para los intereses de la especulación bancaria, operada desde la cúpula alemana! Al final sus propios lideres políticos y el partido que habían elegido para enfrentar el embate de sus acreedores, los obligo a tragarse la idea de que los deseos legítimos de la clase trabajadora, son demasiado inocentes para la realidad impuesta por el orden económico.

No es necesario acudir a teorías de conspiración para explicar que todo esta serie de tropiezos políticos han servido para legitimar y mantener en el poder a un grupo y a unos intereses, contrarios a la voluntad popular. Como he dicho al principio de este articulo, la historia se escribe hacia atrás: los acontecimientos resientes no surgen de manera espontánea; son consecuencia de los sucesos y decisiones que les preceden, les rodean y les influyen. En el escenario resiente hemos visto un resurgimiento del conflicto Ruso-EEUU, que ha reavivado la vieja aversión a la izquierda dentro de toda el área de influencia hegemónica; aversión que ha transformando de manera repentina y radical al escenario sudamericano, y que ha radicalizando a la derecha europea. Un fenómeno que se refleja dentro de las fronteras norteamericanas con el ascenso fugaz de Trump; cuya popularidad se explica en la ausencia de alternativas políticas y la desconfianza abonada por los propios medios de comunicación. Aunque para los patrocinadores del partido demócrata la historia termine con el triunfo de Hillary.

Erich Fromm advirtió, en su momento, que el fenómeno del nazismo había sido apenas un ensayo de una catástrofe futura, relacionada con la naturaleza misma del capitalismo. No olvidemos que, a principios de la década de los treinta, el establishment alemán estaba asustado con el avance del socialismo y eligió apoyar a Hitler, en contra de los partidos de izquierda.