Todo poder es fáctico.

Nuestra época ha sido marcada, de inicio, por dos grandes proyectos, a saber: el estado-nación y el capitalismo. Ambos han actuado como base y motor de todas las ideologías subsecuentes, pasando por la decepción de la revolución francesa, el descalabro del socialismo soviético o la pesadilla del imperialismo norteamericano; hasta llegar a la globalización neoliberal, en la que ya se puede hablar con total desparpajo acerca del imperio de los mercados, de la necesidad de obedecer a las reglas económicas por encima de las constituciones y leyes nacionales. Porque la política es hoy un instrumento de riesgo más, entre los muchos instrumentos de la especulación, donde las campañas electorales son loterías y los partidos políticos fichas para jugarse la suerte. Las elecciones de gobierno son áreas abiertas a cuanto incauto se quiera lanzar a la competencia, pero sólo los tahúres profesionales sacan tajada del juego. El viejo cuento de la democracia, atrae cada día menos clientela; los escépticos y los abstencionistas tienen mayoría en todas las cámaras, y llevan ya varios triunfos al hilo.
Para quienes todavía se aventuran a gastar su capital ciudadano en las urnas, existe una hermosa gama de posibilidades para tachar en las boletas: “el menos peor”, “el menos belicoso”, “el que menos va a robar”, “la que menos conocemos” y, por lo tanto, “la que más confianza proyecta”. Si, al final, su candidato no gana, siempre puede contentarse “con que ya estaba arreglado”, “con que se pusieron de acuerdo”, “con que hubo fraude”, etc. También puede suceder que su candidato gane la elección y luego no cumpla sus promesas, pero no lo culpe, “es que el escenario político no está para otorgar garantías ni derechos”, “estamos saliendo apenas de la crisis”, “estamos por entrar a una nueva crisis”, “estamos en el periodo de adaptación de entre-crisis”, “las órdenes vienen de la Troica”, “no tenemos espacio para maniobrar”, “hay un complot en nuestra contra”.
De modo que, el poder carece de poder, porque tiene que obedecer a factores y fuerzas superiores, fuerzas oscuras de las que nadie es responsable. El poder representativo, lo es sólo en el sentido de la representación teatral, y sí, ahí estamos todos representados, a través de candidatos manipuladores, de políticos corruptos y gobernantes carentes de poder. El verdadero poder es fáctico.

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Para el norte: Navidad; para el sur, bombas, hambre, pobreza y genocidio.

El mundo se apresta a vaciar sus tarjetas de crédito, en pos de una felicidad basada en el consumo, el individualismo y el desprecio por el sufrimiento ajeno: la Navidad. Mientras los afortunados niños del hemisferio norte reciben kilos de chocolates y dulces, que los sumergirán en la fantasía del Shock pre-diabético, miles de otros niños, en África y Latinoamérica, tienen que trabajar sin recibir sueldo en las plantaciones de cacao, caña de azúcar y aceite de palma, ingredientes principales de los caramelos con que se celebra cada año el nacimiento de dios.

EUA y la unión Europea son los principales productores de basura a nivel mundial (además de ser, junto con Rusia y China, los principales productores de gas carbónico). Basura que, durante estas religiosas fechas, aumenta su producción, consecuencia de la llegada de regalos, muebles, electrodomésticos, ropa y un largo etcétera, que vuelven obsoletos los productos comprados el año pasado, muchos de los cuales, todavía útiles, han de terminar en contenedores para luego ser triturados, en el mejor de los casos. Porque ocurre que, los desperdicios electrónicos de Europa, cuyo consumo masivo produce un enorme problema de contaminación, terminan en África (gracias a un jugoso acuerdo, pactado con los gobernantes de Ghana y Nigeria), produciendo graves secuelas en la salud de la población, desposeída de sus derechos a un entorno sano y una vida digna, porque sus tierras fueron destinadas a relleno sanitario.
Desafortunadamente la basura no es lo único que los gobiernos del norte arrojan a los pueblos del sur. Las armas fabricadas en EUA, Europa, Israel, Japón y Rusia, acaban con las vidas de los latinoamericanos y africanos por igual; las bombas que la OTAN y los aliados de Rusia arrojan, con el supuesto objetivo de destruir al Estado Islámico, impactan sobre hospitales, escuelas y zonas de habitación civiles en general. Las partes en conflicto, con sus respectivos aparatos mediáticos, han logrado confundir las cosas de tal modo, que ya no hay una narrativa confiable en torno al conflicto. Y peor aun: la gente se ha olvidado que, más allá de buenos y malos, existen víctimas.

Los televidentes se aburren de tanta mentira y deciden, con toda razón, cambiar el canal. El lavado de cerebro se convierte entonces en “Narcos” o la nueva temporada de “Gilmore Girls”. Pero la guerra en Siria no ha terminado aún, por el contrario: el dolor se recrudece sobre la población y los niños, que no entienden de lógica militar, son asediados por bombas y balas de todos los calibres.

El siguiente es un extracto de un comunicado enviado por los civiles que en este momento están muriendo en la ciudad de Alepo:

“Ese lugar al que llamas hogar deviene el escenario de tu tortura, el lugar donde se te obliga a ver cómo tu hijo pasa hambre. La hambruna masiva es el arma con la que un dictador castiga al pueblo para hacer que se arrodille a su voluntad. Te ves forzado a comer hierba, hojas de árboles y hasta a tu gato. Tus hijos oyen hablar de comida abundante y del chocolate como si fuera un cuento de hadas, algo con lo que sólo pueden soñar pero que nunca será realidad. Estar bajo asedio no es sólo estar privado de alimentos; significa también que se te nieguen los medicamentos, los recursos, los servicios, la educación y la elección. Ni siquiera tienes la opción de irte, de ser un refugiado. Estás encerrado en una situación en la que no puedes hacer nada. Estar bajo asedio es estar abandonado a un estado peligroso, mortal y desesperanzado.”La publicación completa se puede leer en: http://rebelion.org/noticia.php?id=220179

El FMI ha advertido sobre la necesidad de aumentar el consumo, pues, de otro modo, no habrá manera de sortear la interminable crisis económica por la que atraviesa actualmente el mundo. De este modo, para el norte se vislumbra una navidad con más consumo, más basura y más diabetes; mientras que en el sur sólo se esperan más bombas, hambre, pobreza y genocidio.