La masa dirigente.

¿Quién nos dirige? ¿Quién toma las decisiones importantes en momentos de crisis? Quién analiza los peligros y oportunidades que se presentan en los distintos escenarios, locales y globalizados, para impulsar así proyectos nacionales e internacionales, que nos conduzcan por el accidentado andar de la historia. ¿Los políticos? ¡No me jodan! Hace casi cien años, José Ortega y Gasset, se encargó de describir algo, que el mismo llamó: “las masas”, una fenomenología social que describe la lógica que impulsa los grandes movimientos sociales de la modernidad. Esta descripción ayudó, más tarde, a comprender fenómenos tales como el fracaso de los grandes proyectos político-históricos (socialismo, liberalismo, etc), y el fascismo en si. En términos generales, Gasset afirmó que la falta de orientación y criterio en el pensamiento grupal, y la manipulación que hacen de este la demagogia y el extremismo, son los ingredientes esenciales para el caos y la autodestrucción de las sociedades. Al decir esto, Gasset nos da un montón de ejemplos de actitudes de rebaño, conductas de consumo, manejo de la información en medios masivos, afán de estar a la moda, etc. Un análisis que resulta, sobre todo por su temprana aparición, acertado en muchos de sus puntos. Sin embargo comete errores garrafales que han influido de manera negativa en el pensamiento político-grupal, posterior a su época. Ortega, movido por su naturaleza conservadora, afirma que la solución al problema de la manipulación de las masas, está en el correcto liderazgo, esto es, en el control de los intereses comunes, por parte de una élite de intelectuales y/o gente con una visión superior a la del individuo común. Esta desafortunada idea, más que contrarrestar, potencia la tendencia de las masas a ser manipuladas (pues legitima la idea de un pensamiento superior), conduciendo a la aparición de múltiples dictadores, todos instalados en la idea de la superioridad y el paternalismo. Del fracaso de estos grandes liderazgos, se culpa a las ideologías extremistas, es decir que, las culpas de los individuos, son trasladadas a los sistemas de pensamiento. De ahí que, posteriormente, las grandes organizaciones políticas y las élites en el poder, abandonen esos sistemas de pensamiento histórico (socialismo, liberalismo, etc.) y trasladen su liderazgo a los modelos “centristas”, que no hacen sino confirmar el fracaso de los estados horizontales (democráticos, donde la masa es la que manda) para combatir el fenómeno del fascismo y los extremos nacionalistas. Pero los modelos “moderados” y centristas que dominaron la escena política en las décadas anteriores fracasaron en su cometido, pues han propiciado la aparición de una nueva ola de extremismo y fascismo.

Hoy nos encontramos justo en esa disyuntiva: con el fracaso de los discursos moderados como mecanismos para contrarrestar los males de la humanidad y el oportunismo carroñero de la extrema derecha, lanzando ya su propaganda a los buenos consumidores, con muy buenas oportunidades de éxito. Detrás de esta propaganda hay personas, seres de carne y hueso con responsabilidades individuales. Ellos son, las masas que nos gobiernan. Responden a las mismas descripciones que José Ortega y Gasset hace de las masas gobernadas: se guían por impulsos egoístas, ignorancia, miedo, oportunismo, etc. Carecen de autonomía, criterio y/o ética, son siempre arrastrados por las corrientes dominantes en la geopolítica; se guían por teorías conspiratorias; se alían en compadrazgos, sociedades de conveniencia y todo tipo de corruptelas. De este modo, si la tendencia general es mantenerse del lado del neo liberalismo y defender a capa y espada el modelo hegemónico de la posguerra de 1945, poco importa que tales decisiones nos arrastren a todos a una crisis mayor. Si, por el contrario, la moda hoy es el aislacionismo, el fascismo y la provocación bélica, da igual pasar por alto los riesgos, con tal de mantenerse siempre del lado de los vencedores y garantizar los privilegios.

Los individuos que nos dirigen son incapaces de proponer un nuevo escenario, de organizarse en torno a intereses comunes con otros individuos, porque ellos deben obedecer al interés general, que no contempla otra prioridad que la propia enajenada generalidad. No son capaces de ver las desastrozas consecuencias de sus actos. Nuestros gobernantes son parte de una masa acéfala que camina en dirección del abismo.

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