ANTONIO GRAMSCI: CUADERNOS DE LA CÁRCEL en pdf para descargar.

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Periodo fraudulento 2018

La diversificación de los objetivos.

Andrés Manuel López Obrador ha asegurado que no bastaran seis años para acabar con la corrupción y recomponer el sistema político-gubernamental de nuestro país. Ésta es la afirmación más certera que se le ha escuchado en todas las campañas, desde el año 2000. Más allá de escandalosas amnistías y enredos aeroportuarios, el país se juega, en esta elección, la legitimidad de sus instituciones democráticas y/o aparatos electorales. En el fondo, lo que más daño ha sufrido, es el concepto de autoridad, que hoy se reduce a un objeto de burla para los incontables grupos criminales que acechan el territorio nacional, y en una causa de indignación para el resto de los habitantes, reducidos a vulgares víctimas de una extorsión constante.

La apuesta de morena, y de esa mayoría que le apoya, es que un triunfo contundente del partido político, sea suficiente para remover una primera capa de resistencia en el frente del grupo que actualmente ocupa el poder político y, por lo tanto, el gobierno de la nación. Luego, toda la estrategia se reduce a honestidad. Desafortunadamente no va a ser tan fácil. El proceso de recuperación de la paz y la justicia en México, tiene escasas posibilidades y enormes enemigos; una muestra bastante contundente la tendremos en los resultados de la elección del primero de julio.

AMLO va a ganar la presidencia, pero a un costo muy alto: además de los colados (políticos de toda factura que han saltado a morena para salvaguardar sus privilegios políticos), el fraude este año se va a enfocar en las cámaras. La enorme burocracia corporativa va a luchar, a como de lugar, por sus respectivos lugares dentro de la planta política. Van a utilizar, como nunca antes, aparatos y maquinarias para desviar (y transformar) los resultados de las casillas en favor de sus intereses.

Los ingenieros electorales (como hoy se auto-nombran los artífices del fraude) ya le midieron el agua a los camotes: el horno no está para bollos; va a haber que cambiar el objetivo clásico de ganar la presidencia a toda costa, por una meta algo más modesta y pragmática. Sus clientes, los funcionarios de alto rango y los líderes de los principales partidos políticos, ya han asumido la perdida y están dispuestos a canjear despensas, tinacos y presidencia de la república, a cambio de un buen porcentaje de puestos públicos. Aquí continúa el prian con toda su fuerza vital; nada de división ni derrota: hildebrando ya camina de la mano de monex; ya se inscriben muertos al padrón y se duplican credenciales; ya están impresas las boletas extra que se cambiarán por las usadas en las casillas; ya se entregaron todos los apoyos a la pobreza, a cambio de credenciales y lealtades; ya se prepara la artillería para el día de la elección. Todo el aparato terrorista-electoral (mapaches, carrusel, cabezas de marranos, amenazas de muerte, etc) está a la espera de la última batalla en la que se redondeará el número de votos fraudulentos, pero las principales cifras ya se recabaron.

El prd, pve y demás comparsas, acostumbrados ya desde hace tiempo a ocupar este tipo de posiciones dentro del juego electoral, seguramente conseguirán reafirmar algunos puestos dentro del tablero político, y poner su granito de arena para apoyar la estrategia de los jugadores más fuertes (a cambio de sus respectivos beneficios). Si no se consigue una mayoría suficiente para aislar al gobierno federal, la siguiente operación será durante las elecciones intermedias, donde la propaganda se concentrará en resaltar las fallas que, hasta ese momento, vaya cometiendo el equipo de López Obrador. El objetivo ahora es desgastar la imagen del próximo gobierno, para que no aspire a un segundo periodo dentro de seis años. Entonces la alternancia dará lugar a un nuevo y carismático candidato de derecha. Morena tendrá entonces la oportunidad de volver a contender dentro de 12 años, siempre y cuando aprenda y se ajuste a las reglas de la transición mexicana. La alternancia ha sido, hasta ahora, una repartición del botín. Las reglas establecen un mecanismo para que todo siga avanzando por ese camino. El reto de morena, pero sobre todo de los mexicanos, es trascender las formas de la política, que ajustan a todo candidato y/o partido político a un aparato viciado, en el que adaptarse significa corromperse.

Crisis civilizatoria y plurinominales

Modernidad cínica

La política contemporánea es un ajedrez de casino en que el eje del juego es el dinero, mientras que la ética pasa a ser una palabra más del diccionario demagógico. Lo que algunos han dado en llamar: “crisis secular del sistema financiero” o “crisis civilizatoria”. Aludimos a sistemas de pensamiento, doctrinas económicas o aparatos políticos, para no enredarnos en debates maniqueos, sobre culpables y malos de la historia, pues el poder involucra a quien lo ejerce y a quien lo concede; por ende, todos somos responsables. Es mucho más útil cambiar la estructura del poder que meter a uno o dos chivos expiatorios a la cárcel.

Sin embargo las estructuras de poder descansan sobre instituciones humanas, esto es: sobre las organizaciones de la sociedad que funcionan bajo la lógica de esas estructuras. Cuando deviene la caída de estas estructuras (comúnmente ocasionada por el movimiento de la base social), las cúpulas favorecidas por el ejercicio del poder, suman esfuerzos para mantener su lugar de privilegio, creando una estructura bipolar entre gobernantes y gobernados. El uso del poder militar o la implementación de un estado policíaco, suelen acompañar y reforzar “reformas del estado” destinadas a garantizar la continuidad de un modelo caduco y, por lo mismo, insostenible. Las fuerzas en pugna y las políticas represivas van produciendo la degeneración de las relaciones entre dominados y dominantes, hasta caer en extremos como el fascismo, donde las vías de negociación, cambio y transformación de la sociedad, son la brutalidad y la violencia.

Desde cualquier punto de vista, la nuestra es una época de cambios estrepitosos; de finales y comienzos históricos; de sacudidas a los sistemas y sus cúpulas. Vivimos un momento privilegiado, porque estamos siendo testigos del momento de quiebre de nuestra propia estructura: el momento en que las bases sociales (las masas de clase media y baja), han dejado de creer en el aparato y en sus representantes, y lo manifiestan a todo pulmón clamando por un cambio. Somos testigos, también, de como esas clases privilegiadas orquestan la estrategia para mantener su impunidad.

Tal vez hoy, como nunca antes, la realeza está prevenida de estos cambios y se ha preparado para sobrevivir a ellos (eso aún está por verse). Del mismo modo en que la historia la escriben los vencedores, la conjura es difundida como destino ineludible, a través los medios de comunicación, por medio de complejos métodos de manipulación y propaganda; métodos que se modernizan y toman desprevenido al usuario, por medio de tecnologías que invaden la privacidad de las redes sociales, y capitalizan los datos personales en producción de utopías electoreras. Utopías que forman percepciones y modulan mentes, haciéndolas a la idea de lo que es posible y lo que le conviene a cada uno, de acuerdo con la estructura vigente: la imposible de derrumbar.

Para lograr sus objetivos, los viejos monopolios, así como los criminales de guerra; los corruptos saqueadores del erario público, acompañados por los torturadores de la comandancia policíaca; los responsables de la contaminación industrial, los especuladores inmobiliarios y los curas pederastas; todos, en franca huida, nos señalan en otra dirección para distraernos. Nos hacen creer que existen dos caras separadas sobre una misma moneda; nos pintan una representación dónde hay políticos buenos y malos. Es el típico engaño del policía bueno y el policía malo: ¿Prefieres el peor o el menos peor? Lo único que no puedes elegir es la caída del sistema que te oprime.

La constante descalificación entre electores, propiciada por las redes sociales y las campañas de odio, crean el ambiente de polarización, propicio para que el público olvide y se confunda, pensando que una u otra masa derrota a su adversario, en lugar de voltear a ver a sus verdaderos enemigos. Ante esta cortina de humo, no es fácil distinguir quienes están golpeando y quienes son golpeados, mientras que sólo hay un grupo de ganadores: los plurinominales.

Los plurinominales son el caballo de troya, construido para salvar la vida de los poderosos. Gracias a la legalidad, a las reformas y al estado de derecho, los plurinominales gozan de unos derechos y una impunidad que sólo posee la realeza. Y no importan tus inclinaciones políticas ni cual sea el partido de tu preferencia; los plurinominales están en cada uno de ellos, se visten de todos los colores, les quedan todas las camisetas, adoptan todas las ideologías. Se yerguen, cínicos, con todo su fuero, frente a nuestra derrota. Como los dictadores y los militares, abrazándose tras haber aplastado a sus oponentes.

Tienen que permanecer ahí, en las posiciones clave del gobierno y la procuración de justicia, para salvaguardar los intereses de sus socios comerciales, de sus socios políticos, policiales, monopólicos, mineros, industriales, narcos. Los mismos que los apoyaron para escalar al lugar donde hoy se encuentran enquistados.

Polarización México 2018

No se trata solamente de dividir y vencer; hay que destruir cada uno de los nudos del tejido social, para así poder construir el individualismo: el maleable individualismo.

La polarización se logra mediante el distanciamiento de opiniones y posturas, mediante el endurecimiento de las convicciones y la estrechez de perspectivas. Dado que, la ausencia de puntos de acuerdo entre grupos de personas es imposible, la polarización acude a la negación como argumento primordial: la negación del otro. Y la negación transgrede los significados y el sentido de las cosas: algo que a nivel personal llamamos necedad, en el ámbito de la polarización adquiere tintes de identidad: identidad de grupo. Negar a los otros, confrontarlos de manera gratuita es algo que no haríamos en nuestra casa, en nuestra calle, en nuestro barrio. Pero lo que en un ambiente local podría considerarse como un acto inmaduro, se vuelve en el argumento legítimo de un líder, cuando este ejerce el oficio de la política. La polarización concede crédito a quién no lo tiene; revitaliza a viejos líderes decadentes y los dota de poder. Porque aquí se trata de tomar una opción entre dos extremos, donde no caben la negociación ni, mucho menos, el acuerdo. Es una guerra a muerte contra el otro, que es nuestro enemigo: la representación del mal. Hay que ganar a toda costa o el mundo sucumbirá abrazado por las llamas del infierno: las inaceptables ideas de nuestros semejantes.

En México la contienda política abandonó, desde hace mucho, el discurso coherente. La confrontación y el insulto son ingredientes de todo debate, sea este entre ociosos de las redes sociales o candidatos a la presidencia. Gana el que contesta más rápido y de forma más ingeniosa, como en la secundaria. El imperativo ganar rebasa toda moderación y/o civismo. Y no solamente en la discusión virulenta de la campaña: los valores se derrumban en todos los ámbitos, empujados por la rivalidad y la competencia sin tregua. Es válido aliarse con el enemigo, con tal de engrosar las filas de la militancia; es correcto incurrir en la contradicción, en el absurdo, abandonar los propios principios, traicionar la ética, siempre que esto sume votos a nuestro candidato; cualquier suciedad es aceptable con tal de aplastar al oponente (aunque el oponente se encuentre en nuestra lista de plurinominales).

Las diferencias solo conocen una forma de dirimirse: la derrota. De nada sirven los grandes argumentos de la política y la democracia; la vieja escuela sucumbió ante la fuerza muscular y el encanto varonil de Maquiavelo, ¡ese semental!

Qué es lo que hay que hacer para que la gente abandone su capacidad de comunicación, su capacidad de diálogo, su capacidad de ponerse de acuerdo. En qué momento se perdió la pluralidad de pensamiento, la pluralidad de opiniones, la pluralidad de opiniones políticas. LA PLURALIDAD. Respeto. Tolerancia.

Esta elección nos confronta a nosotros mismos: los unos contra los otros. Los partidos políticos y sus asesores, en su afán pueril por conseguir la mayor cantidad de votos, no pueden (o no quieren) ver que, más allá del placer inmediato, están las consecuencias a largo plazo: la radicalización y el extremismo. Los fantasmas de una historia mal aprendida dibujan un horizonte sombrío e incierto. Lo único seguro es que la próxima elección será ganada por el puntero indiscutible: la polarización.

La derechización de la política mexicana

México no es una isla; su perfil político es un reflejo del mundo (del occidental, para ser precisos) y el extremismo de derecha que florece en otros países, lo hace también en el nuestro: en la derechización de la política a nivel general.
La derechización de la política es un fenómeno que se manifiesta en la reducción paulatina de los derechos humanos, y se refleja en la caída del ingreso económico individual; que se aplica en el desmantelamiento de las conquistas sociales y en la militarización de la seguridad; es un proceso en el que las guerras son vistas como negocios y se estimula la proliferación armamentística; la riqueza se concentra en pocas manos y el hambre se extiende como epidemia. No se trata de un fenómeno espontáneo ni de una manifestación retrógrada que salió repentinamente del closet; es el resultado de un proceso histórico, cuyo punto de inflexión se ubica en la década de los sesenta, momento en que el ingreso percápita y las garantías individuales alcanzan unos máximos históricos, para luego comenzar una caída que se extiende hasta nuestros días, acompañada de una transformación político-histórica en dirección hacia la derecha.
En México hubo un amplio sector que disfrutó los privilegios de ese auge económico y que se resistió al término del mismo, se manifestó de muy diversas maneras, aunque tuvo su momento emblemático en el movimiento del 68, repelido de forma brutal por un estado autoritario. Pero esta brutalidad sería apenas el principio de un proto-estado que habría de gobernar el país más peligroso del mundo. En los años siguientes el país adquiriría deudas de tal dimensión que lo anclararán a su rol de economía periférica, frenando de golpe sus posibilidades de desarrollo, para luego seguir con la aniquilación de la economía, a través de la especulación bancaria y, posteriormente, con el sabotaje de todas las industrias nacionales, bajo la premisa de la privatización neoliberalista.

El avance del proyecto de derecha provocó la evolución de la resistencia popular en un movimiento de izquierda, que se vio prematuramente acelerado por el terremoto del 85, pues la crisis humanitaria, provocada por el siniestro, exhibió la ineficacia del gobierno frente a la emergencia, mientras que se revelaba la acción y poderío una sociedad solidarizada. El impulso de esta toma de consciencia alcanzó para llevar a Cuauhtemoc Cárdenas a ganar la elección de 1988. Sin embargo el triunfo no sería reconocido y, por lo contrario, develaría una regla fundamental del proceso de derechización: la izquierda no es bienvenida al proyecto de gobierno.
La clase gobernante, decadente y agotada por luchas intestinas, sería paradojicamente revitalizada por la irrupción de la izquierda, revistiéndose en un manto de pluralidad y democracia. La derechización alcanzará entonces sus primeras grandes privatizaciones y pondrá la cereza en el pastel al introducir al país en un tratado de libre comercio que aumentará la desigualdad entre dominados y poderosos. Este aliento artificial se agotará en apenas un sexenio, expirando con el asesinato de Colosio y dando inicio a una nueva etapa.
Con Zedillo, se abre la gran posibilidad del cambio de gobierno y se destapa otra regla de la derechización: la transición es posible, siempre y cuando se mueva hacia la derecha. Las élites industrial-empresarial, fortalecidas gracias a los procesos de las décadas anteriores, acceden fácilmente al poder por medio de la propaganda y la manipulación de masas. El modelo de derecha se materializa, con los capitalistas sirviéndose del estado, sin intermediación alguna. Además se da, en ese mismo periodo, un auge del valor del petróleo, que refuerza su posición y su proyecto político.

Al mismo tiempo, la izquierda alcanza su madurez, afianzando el control de varias entidades, junto con la capital del país; juega un papel de oposición contestataria e impulsa muchas leyes progresistas, como las del aborto y la unión entre homosexuales.

En este punto hay que mencionar que, si la lógica de la izquierda es la de representar al pueblo marginado y carente de poder, entonces el ascenso al poder, por parte de la izquierda, es ya un paso hacia la derecha. Esta lógica se cumple en el caso del PRD, el cual, a la par de ir corporativisando sus bases populares, se crea un antagonismo para con los movimientos de resistencia emergentes, condenándolos a resistir desde el lugar de las minorías, sin representación.

De cualquier modo el movimiento mantiene su fuerza e impulso, y se presenta a la elección del 2006, encabezado por López Obrador, sólo para confirmar que la cúpula, con todo y sus descalabros, aún cuenta con la fuerza suficiente para encauzar el rumbo de cualquier contienda y de otorgar el triunfo a quien mejor le parezca, independientemente del número de votos. Del nuevo fraude se acuña el término “PRIAN”, como revelación definitiva de que no existe una democracia, sino un poder con múltiples rostros y facetas; cabezas de una misma hidra que se muerden entre si, pero que obedecen al mismo insaciable apetito.

El segundo gobierno del PAN, marcado por la falta de legitimidad, iniciará una guerra contra las mafias de la droga, como mero pretexto para instalar un estado de sitio, y así garantizar su permanencia en el poder; una guerra que pondrá en marcha los peores rasgos de la derechización hasta ahora conocidos en el país, aumentando los niveles de violencia, corrupción y criminalidad, al tiempo que se continúa con la suspensión de las garantías, se aumenta el nivel de precariedad de la población y se vende el país a pedazos; todo esto frente a la mirada incrédula de la población, que no alcanza a distinguir a su enemigo entre el fuego y la sangre.
En el 2012 habrá una nueva transición, el nuevo PRI viene con la encomienda de desenredar todas las trabas que el viejo PRI dejó para impedir el avance de la derechización. Cumple plenamente su cometido y, además, supera los récords de terror de su predecesor. El petróleo, pieza central del proyecto cupular, ha sido al fin puesto a la deriva del mercado libre.
El 2018 nos sorprende con el regreso de López Obrador a la contienda electoral. Continúa estando a la izquierda del PRIAN, pero esto no es difícil, considerado los extremos que aquellos han alcanzado. Lo sorprendente, aunque la propaganda trate de minimizarlo, es la fuerza con la que se ha mantenido: tiene verdaderas posibilidades de ganar. El sonsonete mediático no ha logrado mermar la posibilidad de un triunfo de la izquierda en el imaginario del electorado. Estos años le han servido al movimiento para aprender de su rival y corregir sus propuestas y discursos: lo han moderado. Entre sus comparsas se incluyen ahora voces de derecha, personajes de derecha, alianzas con la derecha retrógrada radical. Algunos de sus antiguos incondicionales han tenido que desmarcarse abiertamente de entre sus simpatizantes para no ensuciar sus imagenes públicas, y sus principios éticos, con la anexión de estas figuras y discursos putrefactos, de esta extrema-derecha al proyecto de la izquierda. Paradójicamente, el movimiento se muestra más vivo que nunca, sus posibilidades de ganar son enormes. Sólo que ya no es el mismo movimiento; da igual si gana o pierde la elección, ya no tiene la fuerza para corregir el rumbo de la derechización, pues su nuevo perfil, de “centro”, ha perdido la brujula de la resistencia anticapitalista.
La historia da de vueltas, pero no se repite. La derechización del mundo ha provocado las masacres, el hambre y la pobreza más siniestras, pero los nuevos extremismos de derecha nos alertan de que siempre puede ser peor.

La revolución tiene cara de mujer – Colibrí Revista

Por Guido Luppino En la región de Medio Oriente, entre guerras y fundamentalismo religioso, aparece el proyecto kurdo de Rojava donde la presencia y el empoderamiento de las mujeres lideran el camino revolucionario. Kurdistán La región kurda abarca cuatro países: Turquía, Siria, Irak e Irán. El reclamo por una nación y Estado propio tiene más…

Origen: La revolución tiene cara de mujer – Colibrí Revista

Marichuy no obtendrá el registro para contender en el 2018

Desde hace mucho tiempo en la memoria del mundo, existe la lógica de la guerra como medida universal para todo juicio. Así, todo proceso humano se ha de dividir en conquistas, batallas, itinerarios, avances, triunfos, ofensivas, etc. Es imposible imaginar la historia como un día simple, bajo el sol meridional, contra el polvo y la maleza; vislumbrar la relación entre seres humanos simples, frente a sus utensilios campesinos, sin luchas a muerte ni héroes reivindicadores que atraviesan a la humanidad a caballo y siembran en el horizonte su utopía.

En el espectáculo de la historia, hay unos cuantos triunfadores y una gran mayoría de perdedores, que siglo tras siglo tienen que emprender la labor cotidiana de reconstruir su espacio fuera del tiempo, bajo el mismo sol, contra el mismo polvo. Frente a ellos se repite la misma historia de monarcas y caballeros bondadosos, elegidos de dios para acabar con la tiranía y repartir bendiciones entre esa masa dúctil llamada pueblo. Para ello han de darse a la labor de luchar y vencer esa oscuridad que se esconde en el mundo: la causante de todos los males que nos aquejan; la masa dúctil llamada pueblo -el otro pueblo, claro-. Se trata de una proeza reservada a los iluminados: la lucha de uno contra todos; de los elegidos contra la carne del pecado. Para lograr su hazaña, habrán de armarse con fuego y metal; deberán procurarse las espadas más afiladas, las lanzas más largas, los caballos más veloces, los cañones más poderosos y los ejércitos más sanguinarios. Todo es por nuestro bien.

Al final, sin mayor patrocinio que el propio, nuestros buenos caballeros habrán mermado sus fuerzas en pos de la causa común. A cambio de sus favores y de sus maltrechos cuerpos, se conformarán con la fama de los libros y, por supuesto, con el oro, que habrá de aliviar un poco los dolores de la vejez.

Pero los simples, el vulgo, han dejado también -por no dejar-, registro de su opinión frente a la bondad del linaje real y su legado. Tal opinión, como usted ya sabe, no es favorable a la historia. Se trata de escepticismo e incredulidad, o bien, revisionismo francamente plagado de antagonismo, cuando no de descarado sarcasmo y desprecio absoluto por todo lo que representan las élites y sus planes arbitrarios para el resto de la humanidad.

Usted lo sabe, pero, aparte de usted ¿alguien más se ha enterado?

Los analistas de revista, así como los de academia, insisten en la versión del progreso: de que todo marcha hacia adelante y de que ya andamos, por cierto, muy adelantados. Por todas partes se apela a la democracia para resolver cualquier inconformidad, cualquier entuerto, cualquier feminicidio: si la justicia es injusta, vaya usted votando por otro partido político. Si no le gustan los que hay en la vitrina, forme usted uno; ahora hay oportunidades para todos y hasta candidaturas independientes. Candidaturas como ángeles de la independencia, como estelas de luz en honor a nuestra independencia, candidata independiente.

Y, todo esto, gracias al progreso, a nuestros héroes, a quienes lucharon por darnos patria. Caballeros que evolucionaron en soldados revolucionarios y se convirtieron, luego, en políticos, tan solo para igualarse a nosotros en la planilla electoral. La fama y el oro quedaron atrás: ha llegado el tiempo del futuro, hemos acabado con la oscuridad del mal, hemos triunfado.

Ahora debemos aceptar que no hay lugar para todos. Si la democracia es una votación, debe haber un perdedor; si existe un acuerdo, deben quedar fuera los que no estén de acuerdo; si esto nos representa, entonces no existe lo que no está representado: si no se alcanza el registro, si no se tiene influencia en la partidocracia, si no se cumplen los requisitos; si no se tiene lugar en el gobierno, tampoco se tiene lugar en el pueblo.

¿Qué hemos ganado entonces?

Deshacernos de la población sobrante.

Pero existen.

Continúan allí haciendo ruido.

¿Para qué?

¿Para qué se organizan, se postulan, se comunican entre si? Si ya los descartamos; ya perdieron, ¡ya confórmence! ¿Es que no entienden? ¿Son necios? ¿Son indios?

¡Son indios!

Y ¿qué van a hacer?

¿Qué van a hacer? ¡Maldita sea! No pueden hacer nada. Tenemos la democracia, tenemos la ley, tenemos la policía, tenemos al ejercito, tenemos la razón, tenemos la verdad, tenemos los medios, tenemos las mentes, tenemos el miedo. No subestimen nuestro miedo.

Poco se ha logrado.

No nos engañemos, Marichuy no obtendrá el registro para contender en el 2018.

Entonces, no seremos héroes; no obtendremos la fama y el oro; no podremos excluir a los perdedores ni poner la bota sobre el rostro del enemigo. Tendremos que conformarnos con la condición mortal, asumir nuestro rol primitivo fuera de las cámaras, entre el trabajo y la naturaleza, sin efectos especiales ni adictivas aplicaciones; tendremos que renunciar a la magia del mundo moderno y conformarnos con el aburrido paisaje de la sierra sobre las nubes; entender que siempre estaremos fuera, que no tendremos paz porque es un producto de lujo; que no seremos admitidos en las filas de lo aceptable ni recibiremos la medalla del conformismo.

Nos quedaremos para siempre flotando en la incertidumbre, como aves que vuelan a pesar de la física universal.

Nuestro único refugio será la clandestinidad.

Eso hemos ganado.

Lagos salió a pasear en bicicleta

Si no eres parte de la solución, eres parte del problema“

Vladimir Illich Lenin.

Es un pensamiento popular de la cultura mexicana, la idea de que todos somos iguales ante la muerte. Esto quiere decir que, no importa cuanta altura alcancemos en la vida, cuantos títulos nobiliarios, cuantos reconocimientos, cuanta fama; al final hemos de volver al polvo de donde venimos. Y deja como lección, el que nos volvamos hacia nuestros semejantes y cooperemos en la única causa común, que es la mejor forma de vida de todo el conjunto. Este espíritu se palpa en momentos de crisis, como en los resientes terremotos, donde la solidaridad se muestra como la principal expresión de este pensamiento.

El día de ayer, murió el vicepresidente de telecomunicaciones de Televisa y director general de Izzi, Adolfo Lagos Espinosa, asesinado a tiros. Su muerte sorprende a la prensa y ocupa los principales titulares, en un país que ostenta el segundo lugar de violencia en el mundo, en donde se cometen más de 68 homicidios dolosos al día. También sorprenden las circunstancias de su muerte: paseando en bicicleta. Adolfo no estaba practicando un deporte de alto riesgo, ni quebrantando la ley; no estaba bajo amenaza un grupo delincuencial, como el presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CEDH), Silvestre de la Toba Camacho, y su hijo, ni afectaba los intereses de un sindicato corrupto y una minera canadiense, como los dos empleados de la mina La Media Luna, de Cocula, Guerrero; todos asesinados el día de ayer. Adolfo estaba paseando en bicicleta y fue sorprendido por asaltantes, como la gran mayoría de las personas que habitamos este país, expuestos constantemente al crimen sin cuartel, que no distingue entre ricos y daños colaterales. Las escoltas de Adolfo fueron tan ineptas como lo son todos los grupos encargados de la seguridad del país, incapaces de impedir los 18.505 homicidios dolosos, tan sólo en lo que va de este año; paradójicamente, la bala que lo mató, provenía del arma del encargado de su seguridad. Algo muy parecido a lo que ocurrió en las zonas de desastre, tras el terremoto del 19 de septiembre, cuando la marina, la policía y los equipos de rescate oficiales, llegaron a entorpecer las labores de los voluntarios civiles.

La camioneta de los empleados de seguridad, que se trasportaba el cuerpo malherido de Adolfo, sufrió una avería, provocando la perdida de minutos valiosos. En la caseta encontraron una patrulla de la Policía Federal y los agentes que la ocupaban llamaron a una ambulancia, que llevó al herido a un nosocomio del municipio de Coacalco, pero los médicos no pudieron recuperar el tiempo perdido y falleció.

Adolfo no corrió mejor suerte que la gran mayoría de las personas que llegan a los servicios de urgencias en los hospitales públicos; no pudo pasear tranquilamente en bicicleta y disfrutar de una vida plena y tranquila; su vida, y la paz de su familia fueron cortadas de tajo por la violencia y la criminalidad. Su muerte no cambiará nada.

La farsa del acuerdo de París.

En medio de la preocupación generalizada que produce la re-negociación del TLCAN (tratado de libre comercio de América del norte), los principales representantes de los tres gobiernos abandonan la escena de la quinta ronda, en un acto de desaparición que rompe con la lógica del guión expuesto hasta ahora: una intriga en la que el “estira y afloja” era el leitmotiv de la trama. Ahora resulta que todo marcha sobre ruedas y, a pesar de las constantes amenazas financieras y twitazos de ocasión que van recetando una muerte lenta para la economía mexicana, parece que la labor ha pasado a ser un simple asunto burocrático que no merece la atención de la diplomacia.

El teatro de las sorpresas financieras tiene que recurrir a estas vueltas de tuerca para no hacer demasiado obvio el ovjetivo principal de la tragedia: que nuevamente la economía periférica ha de ajustarse a los intereses del centro, con o sin aspavientos. Como ocurrió no hace mucho con las reformas energéticas que entregaron los recursos petroleros de México a manos de los monopolios estadounidenses; una movida geopolítica de gran envergadura, ante un nuevo escenario, en el que pasamos del límite de reservas estimado para mantener un petroleo barato, y entramos en una nueva era de comercialización de un crudo mucho más costoso. Un negocio en el que los vecinos del norte se han garantizado ya el suministro, a costa de sus vecinos del sur.

Un elemento que salta a la escena, pero pasa desapercibido por gran parte del público, es lo que este aumento en el costo del hidrocarburo supone para el clima. Hace mucho tiempo que gobiernos y empresarios se preparan para enfrentar esta situación, buscando alternativas energéticas más sustentables, cambiando las estrategias de crecimiento del capital, diversificando recursos materiales, refugiándose en entornos virtuales y aparatos especulativos, etc. Todo bajo la premisa simple de: usemos menos petroleo, por sus altos costos. Esto se traduce en una disminución de la producción de gas carbónico, un beneficio para la salud ambiental del planeta, a pesar de la falta de compromiso de los actores. Una disminución de emisiones, hay que señalar, insuficiente para detener el fenómeno del calentamiento global.

El acuerdo de París, esa farsa demagógica que se presenta con gran éxito en los principales actos de simulación mundial, cuenta hoy día con un cartel de primera linea: en esta esquina, el máximo retractor de la teoría del calentamiento global, Donald Trump; en esta otra, el resto del mundo. Un show que llama la atención del gran público, pero que sorprendería aún más si se reparara en un interesante detalle: Xi Jinping, presidente de China, unos de los países más comprometidos con el acuerdo de París, prepara, tras bambalinas, el año de mayor producción en cuanto a CO2 se refiere, rompiendo así la tendencia de no crecimiento de la contaminación a nivel mundial, que se venía dando desde hace tres años. A esto hay que sumarle la modesta tendencia a la baja en la producción de gases carbónicos, por parte de Europa y Estados Unidos, que no alcazaba a verse reflejada en un descenso en la producción de contaminantes a nivel mundial, precisamente por la tendencia a la alza en la producción China durante esos mismos tres años.

Las declaraciones estúpidas del patiño Trump, contrarias a la realidad industrial de su propio país, lo dibujan como el malo del cuento, mientras que la demagogia de Jinping, aunada a sus discursos en pro de fortalecer el libre comercio, lo colocan como el héroe, a pesar de ser el protagonista de la catástrofe climática que se nos avecina, y ya está mostrando muchos de sus síntomas, a través de huracanes, terremotos y demás contenidos de acción, que no requieren de efectos especiales. Pareciera que toda la bufonada Trumpesca se escenifica en favor de los intereses chinos, pues los reflectores se distraen con la figura de quien amenaza con contaminar el mundo, mientras el otro, discretamente, arroja cada vez más toneladas de carbón al horno de la industria china.

Resulta todavía más difícil de entender esta telenovela, cuando vemos a Ángela Merkel y demás lideres mundiales apoyando toda esta fábula, carente de sentido, convidando en fotos y propaganda al dueño de los hornos en que se cocina el mundo y aventando la bolita al auto proclamado villano. Resulta incomprensible si seguimos la premisa de que todo el show trata de combatir la producción de CO2, mientras vemos que su héroe es quien más lo produce. Tal vez la cosa adquiriría más sentido si nos guiáramos por el razonamiento oscuro, que dice que a este mundo lo mueve el dinero; que el dinero compra consciencias; que detrás de las decisiones políticas hay fuertes intereses económicos. Entonces podríamos imaginar que son las empresas beneficiarias de los bajos costos de producción en China, las que escriben el guión de esta disparatada trama. Empresas tan presentes en la economía americana como en la europea, capaces de mover los hilos desde atrás de la pantalla y de financiar los intereses, y las campañas, de los buenos representantes del pueblo.

El siguiente acto se representará en Bonn. Veremos si los guionistas tienen la agilidad de volver a atar todos estos hilos sueltos.