China va al Ciber-Comunismo, Occidente al neofascismo y América Latina al Carajo (por Heinz Dieterich)

“mucha gente pensaba que el comunismo es una idea idealista, “pero con las tecnologías que hemos desarrollado en los últimos dos o tres años, llegué a la conclusión que el comunismo puede ser alcanzado efectivamente en nuestra generación.” Robots pueden manejar todo el trabajo y el gobierno puede distribuir la riqueza igualitariamente a toda la gente, de tal manera que no habrá más ricos y pobres y todas las corporaciones serán nacionalizadas.””

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Marichuy Patricio, candidata independiente

¿Quién puede creer, en estas condiciones generales, que las elecciones serán como en Suecia y que se le entregará el gobierno al vencedor? Hay sin embargo quien , entre otros motivos, rechaza a la candidata indígena independiente porque, en su opinión, Marichuy Patricio le quitaría votos a AMLO impidiéndole ganar sin tener ella tampoco la posibilidad de triunfar en una elección que excluye a los no miembros de la oligarquía y solamente dirimirá cuál entre los diferentes grupos oligárquicos ocupará Los Pinos y la administración pública e impondrá a los mexicanos las políticas de sus explotadores y dominadores. Es cosa de ilusos creer que los que le robaron la presidencia a Cuauhtémoc Cárdenas en 1988 y a Andrés Manuel López Obrador en el 2006, quizás iluminados vez quizás por la gracia divina, le entregarían la presidencia a AMLO o a cualquiera que no pertenezca a la rosca oligárquica Prianprd del Pacto por México.

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Wuaut+a-Kuruxi Manuwe y la lucha por la vida

Para hacer evidente la falsedad del México oficial e iluminar las luchas de resistencia de lo que Guillermo Bonfil bautizó México profundo, el Congreso Indígena de Gobierno anunció el pasado sábado al Instituto Nacional Electoral, la intención de que su vocera, la indígena nahua María de Jesús Patricio, sea su candidata a la Presidencia de la República. Al hacerlo, no sólo sacarán de la oscuridad luchas como la de la comunidad Wuaut+a-Kuruxi Manuwe, sino, también, buscarán mostrar cómo, junto a muchos otros mexicanos, se proponen, en un país dominado por la muerte, luchar por la vida.

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Marichuy y su registro como candidata independiente a elecciones de 2018

“1) Marichuy va a atraer el voto de la izquierda radical abstencionista. Esos no votarían por AMLO en ningún caso. (…) 3) El discurso de Marichuy hará ver a AMLO como un político moderado y tibio. Esto supondrá un reto para la derecha mexicana, pues ya no será tan fácil hacer parecer a AMLO como el “radical populista peligroso para México”. Esto puede beneficiar la imagen que hay sobre AMLO entre los votantes no-radicales (la inmensa mayoría de los mexicanos). Para la gente la ultraizquierda no la representaría AMLO, sino Marichuy. (…) 5) La principal preocupación de AMLO y Morena debe ser el tema del fraude. Ellos ya han ganado elecciones (presidenciales en 2006, recientemente en el Estado de México), pero el PRI les aplica el fraude de manera sistemática. Ante eso deberían diseñar estrategias políticas fuertes, basadas en la movilización social que impidan el fraude. Ese es el tema central, no preocuparse porque el CNI les quitará votos”

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Candidata zapatista

Pedro Echeverría V.

Apoyo a los zapatistas: ellos no votan, no buscan el voto, no aceptan ni un peso del Estado, ¿se registraron para no ser reprimidos?

Pedro Echeverría V.

1. Los zapatistas tendrán una candidata presidencial (Marichuy) con el objetivo de representar a los indígenas del país aprovechando el espacio de las campañas para denunciar la situación de este sector que es el más pobre y miserable de México. Se podría estar a favor o en contra de usar la estrategia electoral, pero fueron los integrantes del EZLN y el zapatismo en su conjunto quienes externaron sus razones y a muchos de nosotros sólo corresponde respetar sus puntos de vista. No olvidar que el EZLN se levantó en armas el 1 de enero de 1994 –el día que entraba en funciones el TLC firmado por los gobiernos de México y de EEUU. Son casi 24 años de permanente lucha indígena por sus…

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Maquinaria pesada acaba con la vida de personas atrapadas por el terremoto.

El pasado viernes 22 de septiembre, a escasos tres días del terremoto que sacudiera la ciudad de México, así como amplias zonas de Morelos, Puebla y Oaxaca (además de otros siniestros que se sumaban en el territorio nacional), el caos en las redes sociales era general. Difícilmente podían diferenciarse los hechos de la confusión y la información errónea se traspapelaba con las buenas intenciones. Por todos lados saltaban publicaciones pidiendo que se corroborara la información antes de compartirse. Para los que no estábamos en la zona del desastre, estos llamados a la prudencia nos dejaron mudos: nadie quiere contribuir al caos, mucho menos ante tal emergencia. De ese modo, pusimos nuestra confianza en las noticias buenas y malas que iban apareciendo en el muro de quienes tenían la seguridad de compartirlas; escuchamos la radio, leímos los periódicos y estuvimos al pendiente de los reportes noticiosos en streaming. Varias cosas sobresalían ante nuestra frustración e impotencia: el robo y apropiación de víveres donados por la ciudadanía, con la intención de etiquetarlos en provecho de intereses políticos; la falta de efectividad, por parte de las autoridades responsables, para atender a las poblaciones más alejadas y el intento, por parte de organismos de gobierno, de proceder a la demolición en sitios donde aún había esperanza de vida.

A este último punto es a donde quiero señalar con estas lineas, pues, a pesar de que ya he visto la denuncia en voz de importantes figuras del análisis político en los medios nacionales, la inquietud de los protagonistas de esta tragedia, los civiles, los rescatistas, los ciudadanos de a pié, es a favor de que se sigan alzando las voces y no se permita que la impunidad ante estos hechos. Así me lo han hecho saber, personas cercanas a mí, que estuvieron presentes frente el atropello que tuvo lugar en las calles de Bolivar y Chimalpopoca, donde se presume que una fabrica de ropa operaba de forma ilegal, sometiendo a explotación a trabajadores de procedencia coreana. Rescatistas del grupo “Topos” junto con voluntarios que se sumaron de manera solidaria, afirmaban que, bajo los escombros de dicho edificio, había aún personas atrapadas y con vida, sin embargo sus razones fueron ignoradas y, por órdenes de la Policía Federal, se procedió a la introducción de maquinaria pesada para arrasar el terreno, dejando sin oportunidad a los posibles sobrevivientes.

Ante la amenaza de la maquinaria, la sociedad civil ahí presente, trató de oponer resistencia, por lo que fueron encapsulados por granaderos para impedir su acción. Al mismo tiempo, los voluntarios que acudían al llamado de auxilio lanzado a través de las redes sociales, fueron impedidos del paso en retenes y acordonamientos de la zona, supuestamente colocados en favor de las labores de rescate, pero que sólo sirvieron para mantener el escenario bajo control de los aparatos gubernamentales.

Lo que narro aquí, es lo que me han contado personas cercanas a mí, que estuvieron presentes durante aquellos sucesos. Lo que hago es trascribir sus palabras y angustias para darlas a conocer de manera pública. El siguiente video fue publicado en la red social Facebook, por una brigada feminista que, al ser encapsulada por un escuadrón del cuerpo de granaderos, miró con impotencia el transcurso de los hechos: https://www.facebook.com/TaBaNo.Guevara/videos/781567848682300/

Estas denuncias tienen eco en los reportes sobre el mismo caso, que se han hecho en innumerables medios, así como en otros casos, como el del colegio Rebsamen que, junto con lo aquí descrito, parecen ecos siniestros de las tragedias pasadas: la fabrica que dejó atrapadas a cientos de costureras en el terremoto del 85 y la negligencia que cobró la vida de 72 niños en la guardería ABC.

En este momento, las organizaciones encargadas de la defensa de los derechos humanos, mismas que fueron autoras de amparos para detener la maquinaria pesada, elaboran actas y procesos legales para proceder en contra de individuos e intereses que se encuentran detrás de esta masacre silenciada por rumores, niñas fantasma y aparatos de desinformación.

La posverdad es la continuación de la manipulación, por nuevos medios.

 

La frase original de Carl von Clausewitz rezaba: “La guerra es la continuación de la política, por otros medios”. Con ello, el estratega militar prusiano, quería recalcar la importancia de la “inteligencia” dentro de las campañas militares, durante el periodo decisivo para la conformación de Alemania, entre finales del siglo dieciocho y principios del diecinueve. La idea de Clausewitz era que las pasiones populares (odio, deseo de venganza, xenofobia, racismo), se tenían que instrumentar y conducir a través de la estrategia militar, en favor de los intereses de la clase dominante (lo que Clausewitz llama Inteligencia o Política). La mayor manifestación de este encauzamiento del odio popular se da dentro del fenómeno del nazismo, entre 1932 y 1945, por medio de la “Propaganda”. Campañas intensas que, a través de todos los medios de comunicación de aquel entonces, encabezados por la industria fílmica, convencían al ciudadano común de su identificación con el aparato industrial-militar que trabajaba en favor de los intereses particulares de una élite, llamada a si misma: “Alemania”. Göbbels, ministro de propaganda del tercer reich, fue el encargado de definir el término y dotarle de una serie de principios que se mantienen vigentes. Sin embargo las ideas de von Clausewitz ya tenían largo tiempo de haberse difundido y propagado al rededor del mundo y, aunque no se contase con el manual de Göbbels, se practicaba la manipulación fascista, tanto entre los aliados nazis, como entre sus enemigos. El gobierno norteamericano, para adoctrinar a su pueblo, lanzo una campaña de filmes anti-alemanes y todo genero de publicaciones, entre las que aún sobresalen los “súper héroes”, un paralelo a la idea de “super-hombre” promovida por el régimen nazi, que superaba a los últimos en fantasía y subjetividad. Los súper héroes son modelos inalcanzables en que los jóvenes fijan su admiración ciega, son depósitos perfectos de impulsos viscerales, justo como planteaba Clausewitz.

Durante el periodo posterior a la segunda guerra, conocido como “guerra fría”, la rivalidad entre las dos principales potencias militares, condujo al perfeccionamiento de la propaganda. Las nuevas condiciones tecnológicas, principalmente la aparición de la televisión como centro de la comunicación cotidiana, obligaron a la propaganda a transformarse en otra cosa. Fue el lingüista Noam Chomsky, el encargado de describir este fenómeno y bautizarlo como “Manipulación de masas”. El hecho de que la era de la manipulación estuviera centrada en la televisión, fue quizás una de las principales razones de la caída de la Unión Soviética, que estaba muy atrasada en este tipo de comunicación; lo cierto es que el impulso de su desintegración, vino con gran fuerza de adentro, por el descontento de la población y su anhelo por el modelo de consumo capitalista.

Es lo mismo, pero no es igual.

Tras largos años de estabilidad política y conformismo para con las decisiones de las masas dominantes, el público perdió la confianza en las cadenas productoras de televisión y sus noticieros. Durante largo tiempo, los programas informativos, con los que se despertaba, se pasaba la comida y se iba a dormir, se convirtieron en el centro de la actividad cultural y fuente de la sabiduría. Su estilo se basaba en el “realismo” una corriente estética, pseudo-científica que pretendía reflejar el mundo de forma imparcial. El realismo es inobjetable, porque es dueño de la verdad. Sin embargo el público dejó de creer en la verdad y en la realidad, cuando la crisis económica provocó la caída de las escenografías y se dejó ver el trasfondo de los intereses económicos. El discurso moderado y la gestualidad estudiada de los realistas perdió todo crédito, frente a una realidad que estaba fuera de su narrativa: la realidad de la crisis. Esta fue la oportunidad para que nuevos maestros de la propaganda y la manipulación saltaran a la arena y robaran el foco a los viejos protagonistas. Las nuevas tecnologías, centradas en la internet, obligaron a la reelaboración del discurso. Paradójicamente los rusos, los viejos derrotados de la guerra propagandística, volvieron a la batalla con un peón infalible por delante: el peón del Twitter, Donald Trump, el führer de los 144 caracteres. Para la vieja guardia, la aparición del Showman significó una afrenta a la realidad; a su costosa verdad. De ahí que trataran de tumbarlo con principios éticos y, acaso lógicos, pero la pre-verdad ya estaba acabada y no valió de nada su pataleo. Una nueva era había comenzado, independientemente de que la élite privilegiada conservara sus privilegios, había que aceptar a un nuevo invitado a la mesa.

Pero la historia no comenzó con Carl von Clausewitz, ya antes de la revolución francesa se acusaba a la prensa de trabajar para los burgueses. A los romanos se les acusó de utilizar la biblia para mantenerse en el poder. Los poetas griegos fueron acusados de difundir una versión parcial de la historia. Para no ir más lejos, el propio Sócrates acuso a la escritura de presentar una versión falsa del conocimiento. El filosófo griego consideraba que la escritura no podía contener conocimiento porque carecía de espíritu y, por lo tanto, de vida. Creía que la pretensión de guardar la sabiduría en pergaminos, sólo contribuía a atrofiar la memoria, pues la gente abandonaba la disciplina de repasar el propio aprendizaje al confiárselo a un pedazo de papel.

De cualquier modo es bueno contar con palabras para referirse a las cosas y poder comunicar nuestras impresiones acerca de ellas. Esta nueva era de manipulación apenas empieza y ya hacen falta muchas palabras nuevas. Por ejemplo, ¿cómo hemos de llamar a esos ejércitos de robots que atacan masivamente las redes sociales, con el propósito de cambiar la percepción sobre una tendencia? Acaso será la “pos-opinión-pública”.

¿Por qué se disparó la violencia?

Ya pasó la elección en el estado de México, ya no pueden acusarme de “hacerle el juego al PRI”. Ya se disipa la paranoia neurótica y comienza la resaca democrática: la desilusión, ese proceso de consciencia que a veces tarda años en concretarse.

Cuando se habla de violencia, hay razones obvias a enunciar, como el narcotráfico, el mercado de las armas de fuego, la corrupción y otros males endémicos de nuestro país. Pero también existen otras causas, no tan obvias, que vale la pena analizar.

Nuestra democracia, nuestro estado nación, nuestra libertad, son paradigmas de un modelo adoptado por Europa, los Estados Unidos y gran parte del mundo; a partir del llamado “siglo de las revoluciones”, en que se colapsó definitivamente el modelo monárquico, como principal forma de dominación masiva. Siendo la principal causa de su caída, el movimiento de masas. Unas veces llamado socialismo, otras liberalismo; la mayoría de las ocasiones, simplemente revolución. El movimiento de masas fue la respuesta lógica en un mundo donde la riqueza, producida por todos, se concentraba en una minoría, con su respectiva carga de despotismo, marginación y monopolio de la violencia. Luego de siglos de sometimiento, los pueblos decidieron apostar por la mayoría numérica y rebelarse.

A partir de entonces comenzó a construirse un nuevo modelo, capaz de resistir y superar las debilidades del anterior. Un modelo que comenzó a concretarse desde la primera mitad del siglo veinte, pero que tuvo que esperar el paso de la segunda guerra mundial para llegar a su solución definitiva: la doble distribución de la riqueza.

Este proceso puede dividirse en tres fases.

Primera fase, anterior a la caída del modelo monárquico.

Las bases económicas para la “doble distribución de la riqueza” aparecieron de manera casi espontanea, en los primeros países industrializados. Gracias a la necesidad de trabajadores con mayores capacidades intelectuales para el manejo de la producción masiva, se pudo crear una clase privilegiada con un ingreso económico superior al de la gran masa de obreros no calificados. Este privilegio fue distribuido en un principio bajo las leyes de jerarquía, instituidas a partir de la producción artesanal, que se valía del sistema educativo como aparato principal para el control y preservación del tejido social.

Hay que destacar que, aunque hoy se re-descubre el papel de la educación como medio de control, ha sido siempre el mismo a lo largo de la historia: mantener y preservar en su lugar de privilegio o de marginación, a cada miembro de la sociedad. El modelo no cambió con la aparición de la maquinaria industrial ni con la ilustración, sino que fue obligado a cambiar por la presión de los movimientos de masas.

Segunda fase, posterior al siglo de las revoluciones.

Tras la caída de las viejas cúpulas de poder, los nuevos líderes estaban obligados a aceptar una transformación en la estructura de la producción-educación, que se tradujera en una distribución más equitativa de la riqueza.

El sistema educativo tuvo que dejar paso a la revuelta de intelectuales revolucionarios, que se habían reproducido durante el largo periodo de movimiento. Estos intelectuales, a su vez, introdujeron los discursos populares en el sistema y prepararon nuevas generaciones de obreros calificados, con derecho a sueldos más altos.

La creciente industria y la expansión de los mercados al rededor del mundo, dieron espacio para satisfacer la demanda de estos puestos de trabajo, haciendo posible la distribución de la riqueza entre un sector cada vez más grande de la población: la clase media.

Luego de que las masas fueran compradas por un sistema producción-educación que les prometía una mejor distribución de la riqueza, la concentración de la riqueza capitalista volvió a su cauce natural. Los capitales amasados antes de la transformación revolucionaria, siguieron amasando fortunas; siendo hoy incomparablemente mayores y concentrandose en muchas menos manos (1% de la población).

Tercera fase, posterior a la segunda guerra mundial.

La clase media, que en principio fuera una promesa de la distribución general de la riqueza y, por ende, la justicia para todos, se convirtió en el nuevo modelo inamovible de la sociedad.

La industria había abierto espacio a un grupo mucho más extenso de trabajadores privilegiados con acceso a un mercado de riquezas nunca antes producido; el sistema educativo permitió el ascenso de un porcentaje considerable de marginados a los niveles correspondientes de una clase superior.

Y, entonces, la transformación se detuvo; se estableció el nuevo sistema de jerarquías, bajo las mismas reglas que habían permanecido intactas en la herencia cultural, base de la civilización pro-occidental. Las masas pobres quedaron marginadas de oportunidades, sometidas por un nuevo régimen llamado democracia, en donde su principal enemigo ya no era una minoría militarizada, sino una masa empoderada, indispuesta a perder sus privilegios de clase; indiferente a sus penas y sufrimientos.

A pesar de los siglos de transformación propiciados por el movimiento de masas, el sistema capitalista seguía intacto. La distribución social cambió su forma imaginaria, de la vieja pirámide medieval, a un edificio de dos pisos, donde los de abajo son los pobres y los de arriba la clase media.

La imposibilidad de una lucha de masas en estas condiciones, estabilizó el nuevo sistema de poder, asegurando los privilegios del uno por ciento más rico.

Así surgieron por el mundo grupos radicales que, a semejanza de los nazis, demandaban su entrada al paraíso prometido del consumo. Grupos que cayeron en la trampa electoral, extendiendo el mismo modelo del que eran víctimas, votando por partidos que eran incapaces de cambiar el paradigma y sí, en cambio, reforzarlo. Grupos de personas incapaces de entenderse y de identificarse entre el gran caos de la sociedad a la que creen pertenecer, pero que los mantiene al margen de los privilegios.

El caso mexicano.

En nuestro país, corredor de paso en el tráfico de drogas; donde la estrategia militar de América para los banqueros norteamericanos, impide el florecimiento de cualquier política que no se someta a sus intereses; donde el mercantilismo brutal de europeos y gringos satura el mercado de armas ilegales; donde los poderosos, sometidos a intereses ajenos, encuentran su principal ingreso en la corrupción; donde los movimientos populares que intentan romper este circulo vicioso son apagados a punta de pistola; en esta colonia-economía-periférica; en este país nuestro, los extremismos se expresan de un modo distinto.

La envidia por el privilegio de la clase media, que manifiestan los seguidores de Marin Le Pen en Francia, aquí se manifiesta también por parte de los pobres hacía ese grupo social, sólo que su solución puede ser más pragmática, manifestándose, por ejemplo, en robos y crímenes menores.

El odio de los conservadores yanquis hacía los mexicanos, aquí se dirige de los marginados hacía los mexicanos de clase media. Los muros los construyen éstos últimos, para resguardarse del rencor de los primeros. Y se pagan con la plusvalía que produce la mano de obra barata.

La sangre, la muerte, la tortura, las desapariciones, el feminicidio; tampoco son barbaries exclusivas de nuestro pueblo; en el mediterraneo, por dar un ejemplo, han muerto más de diez mil personas en los últimos años. Sólo que, de aquel lado, la brutalidad se dirige hacía el otro, hacía el musulmán, mientras que aquí se dirige hacía nosotros mismos, de arriba hacía abajo.

La violencia que invade nuestra vida tiene mucho de polarización, de fenómeno contemporáneo, aderezado con una muy mala vecindad y un poder corrupto.

Muchas otras explicaciones se pueden encontrar. Sin duda Existe una responsabilidad individual en cada uno de los delitos, así como existe la omisión de las autoridades. Pero no podemos esperar que, el mismo sistema de distribución de la riqueza y de la justicia, que limita la participación de las masas a una oportunidad en el mercado y un voto cada seis años; el mismo sistema causante de la desigualdad económica y, por lo mismo, de la polarización social, nos de la respuesta a esta crisis humanitaria.

El bombardeo a la base militar siria justifica el ataque con armas químicas.

Antes de lanzar sus 59 misiles tomahawk, Donald tuvo el muy lindo gesto de no provocar un conflicto nuclear, al avisar de sus intenciones a su amigo-enemigo Putin. De este modo el presidente ruso pudo prevenir a su aliado árabe para minimizar los daños causados por el ataque justiciero del envalentonado millonario, show-man y ahora también mandatario norteamericano.

Aparte de los muertos, los asfixiados, las víctimas, tanto adultos como menores de edad; aparte de estos números rojos, todos salieron ganando. Trump consiguió disipar las dudas acerca de su complicidad con el Kremlin, entrando en una guerra de palabras y declaraciones para con los aliados del terrorismo que, aunque no hace a los estadounidenses grandes otra vez ni les regresa los puestos de trabajo perdidos por la deslocalización de la industria, por lo menos coloca el discurso yanqui en la cima de la moral propagandística. Además, la CIA recupera la brújula perdida tras la derrota de Hillary y la industria militar se enriquece a un costo de un millón y medio de dólares por cada misil arrojado. No faltaron los hurras y los aplausos por parte de social demócratas y fascistas europeos, aplaudiendo por igual y lamiéndose los bigotes por el giro de regreso a las políticas guerreristas que han marcado la política de la unión en los últimos años.

Para la dupla china-rusia, fue una nueva oportunidad de mostrar músculo ante el consejo de seguridad de las naciones unidas, utilizando el privilegio del veto, que exhiben cinicamente frente a los televidentes y cibernautas aterrorizados por las imágenes de niños ahogándose, tras el misterioso ataque químico. Rusia además aprovechó los focos para dar una lección de diplomacia y respeto a los acuerdos internacionales, sin desaprovechar la oportunidad de saturar (todavía más) la región con sus juguetes armamentísticos de última generación, muy bien aplaudido por sus aliados en la región.

El estado islámico también es beneficiado por la nueva ambigüedad, acerca del enemigo especifico del que estamos hablando, pero los ganadores de la noche son, sin lugar a dudas, los aún no identificados autores de esta broma de lesa humanidad, efectuada frente a los aparatos más sofisticados, jamás utilizados en conflicto alguno; incapaces, sin embargo, de despejar las dudas en cuanto a la autoría de esta falacia. Poco importan ya las bajas civiles, el público se muestra satisfecho con las nalgadas megatónicas propinadas al presunto culpable, con tal fuerza que alcanza, incluso a quebrar las leyes internacionales y el protocolo para la paz, dejando una cortina de humo que sirve de camuflaje hasta al propio régimen sirio, el cual ahora tiene buenos argumentos en su favor, desde el simple deseo de que se esclarezcan los hechos.

Los perdedores son muchos; somos muchos. Los confundidos, los engañados, los manipulados; las víctimas de una muerte espantosa, los deudos impotentes. Todos distribuidos uniformemente sobre el campo de batalla, mismo en el que jamás se ha visto batirse a ninguno de nuestros líderes.