La idea de la raza superior, de que en el laboratorio de dios había seres humanos de prueba en contraposición a seres perfectos destinados a dominar el mundo, seres elegidos por destino divino para consumir toda la creación sin diferenciar entre pasto y sujetos de culturas y creencias diferentes. Este modo de pensar está anclado profundamente en la psique europea.
Orígenes remotos
En el medio oriente surgió la creencia de que la creación de todo lo que existe corresponde a un dios antropomorfo, y que los humanos fueron hechos a su imagen y semejanza como culminación de su obra. Esta creencia en principio supone que el simple hecho de ser humano nos colocaría por encima de todo excepto de nuestros semejantes los humanos. Bueno, los europeos no lo entenderían así.
El mundo desde la visión europea se dividió en razas y culturas, seres inferiores y superiores, a través de una historia llena de conflictos militares y marcadas diferencias jerárquicas. El complejo de superioridad que impulsó éstas expresiones xenófobas nació como consecuencia del miedo, un miedo fundado en las interminables guerras tribales entre galos, anglos, germanos y demás poblaciones autóctonas, sumadas a invasiones de romanos, mongoles o turcomanos, que produjeron una profunda huella en la psique de la cultura indoeuropea, donde el complejo de superioridad cumplía la función de mantener la moral en alto ante los desafíos por venir. La creencia del dios antropomorfo de medio oriente fue adoptada y adecuada a estas bases culturales.
Jerarquías
La llamada edad media fue un escaparate de superioridades, los reyes eran parientes cercanos de dios, mientras que la corte tenía amistad cercana con el divino, los oficiantes y artesanos podían pagar el favor de dios en cómodas mensualidades, los peones, campesinos y el resto de la clase baja eran muy desafortunados en esta pirámide, pero podían consolarse con no ser negros o amarillos, además tenían la opción de salvar su alma si eran buenos vasallos, incluso tenían el privilegio de aventurarse en las peligrosas guerras santas, las cruzadas y demás expediciones coloniales y, de salir con vida, tener derecho a establecer su pequeño feudo en tierras conquistadas ¡con todo y esclavos! Con el favor de la corona.
Contra todo pronóstico esta temeraria búsqueda de conflictos en el extranjero tuvo consecuencias favorables para la horda indoeuropea y su expansionismo militar, sus triunfos los llevaron del síndrome de superioridad a la arrogancia cínica, el miedo fue sustituido por un nuevo motor moral, la vergüenza. La profundización de los rasgos culturales supremacistas se hizo patológica gracias a los nuevos vehículos de la moral, porque el miedo a ser ignorante provoca la ansiedad por adquirir conocimientos, en cambio la vergüenza a ser ignorante se conforma con no parecer ignorante ante el resto de la gente.
La vergüenza se conciliaba con la arrogancia por medio de la apariencia y la apariencia se convirtió en el valor de la época, la fama, el reconocimiento, el premio, el nombramiento, la ostentación, junto con las joyas y los ropajes finos se convirtieron en los atributos que inspiraban el mayor respeto.
El supremacismo cultural
Entre la arrogancia y la vergüenza llegó la revolución industrial. Para ostentar el conocimiento como símbolo de prestigio es necesario hacer de éste un valor selecto y exclusivo. Conocer, por ejemplo, la profundas similitudes que todos los seres humanos guardamos con los caníbales de Papúa nueva Guinea, es un conocimiento de poco valor, en cambio la imprenta, las máquinas de hilar y de vapor otorgan reputación, control de la opinión pública y ganancias económicas. Aunque la imprenta y otras maravillas de la ciencia ya habían aparecido mil años atrás en china, pero este es precisamente el tipo de conocimientos que es preferible ignorar.
El avance de la tecnología no es el rasgo principal de la revolución industrial eurocéntrica, ésta existió entre los pueblos del mundo desde muy larga data, incluso en la inculta Inglaterra ya había máquinas al menos desde el siglo XVII, el cambio que se dio en europa durante el siglo XVIII fue impulsado la riqueza extraída de las colonias y el uso especulativo que los señores feudales, de la mano de los banqueros, dieron a las máquinas y a la tecnología, convirtiendo a campesinos y artesanos en engranes de la industria. La producción en masa aumentó la demanda de materiales extraídos de las colonias y provocó el aumento de la trata de esclavos.
La iluminación de europa
La mayor de todas las invenciones del siglo de las luces fue la propia ilustración, que no fue el despertar de la humanidad mas allá de ese terruño llamado europa, sino la extracción de saberes de todo el mundo y la apropiación de estos, en concordancia con la costumbre de viajar allá lejos a descubrir tesoros enterrados bajo tierras habitadas por salvajes y traerlos acá donde hay humanos superiores capaces de apreciar su belleza. Se trató de una proyección del supremacismo.
La ilustración no fue un proceso lineal, único ni uniforme, en varios sentidos fue un retroceso o una involución o como se prefiera llamarlo desde la academia. La ilustración fue la derrota de sus propias bases civilizatorias, a partir de la renuncia a dogmas religiosos como el pecado de la avaricia o la virtud del respeto al prójimo, transmutados en la ambición y el individualismo, que dieron rienda suelta al modo de producción capitalista, la explotación de los trabajadores, el monopolio bancario, la concentración de capitales, el estado policial, el despotismo ilustrado, el recrudecimiento del racismo junto el aumento de la esclavitud y todas las manifestaciones económicas que se volcaron en la llamada modernidad, auspiciadas por la promesa del progreso.
El huevo
En la cúspide del periodo de epifanías científicas apareció Nietzsche, más allá del bien y del mal, este filósofo subió al Olimpo del prestigio y, a semejanza de Prometeo, entregó a los mortales el concepto del superhombre, llama encendida que la sociedad de consumo individualista guardaría como un huevo en la tibieza del inconsciente.
El seguidor de Soroastro y autor Zaratustra, Friedrich Nietzsche, retomó una idea mal interpretada desde los tiempos de Sócrates, El rey filósofo. En «la república» Sócrates hace una comparación entre el poder de las armas y los préstamos económicos que, a su modo de ver, podían causar tanto daño como las guerras, para evitarlo el filósofo griego proponía que los gobernantes fueran hombres sin ninguna riqueza, humildes y con aptitud de servicio. Este rey filósofo fue interpretado posteriormente como un hombre sabio y justo, a semejanza del rey David, que parte niños a la mitad para aleccionar a sus padres, aunque en realidad el mensaje de Sócrates tenía más que ver con la ausencia del conflicto de intereses.
Nietzsche amplió y profundizó la idea del rey filósofo bajo su propio concepto, el superhombre, quien no se guía por intereses personales sino por el beneficio común. Luego vendría la interpretación a ras de tierra dentro del imaginario eurocentrista, durante las guerras caníbales por la supremacía entre europeos. La guerra de los treinta años y la primera guerra mundial, con sus récords de millones de muertos, sumergieron a europa en un periodo más de terror auto infligido que reavivaría sus viejos fantasmas. Al calor de la derrota y la humillación, el huevo del supremacismo arrojaría los monstruos del fascismo y del nazismo, con su reinterpretación del superhombre, una raza superior capaz de decidir quién es humano y quién no.
Los horrores cometidos por el régimen de hitler no fueron muy diferentes de los cometidos en las colonias europeas al rededor del mundo, donde las víctimas mortales fueron mucho mayores, el desprecio que los nazis tenían por eslavos, gitanos y homosexuales, no era diferente del que los europeos sintieron durante siglos por musulmanes y judíos. Hoy es importante ignorar todo esto.
Los nuevos guías
La necedad de la historia, que no persigue fines utópicos sino que transcurre indiferente entre maravillas y tropiezos, siguiendo tendencias y arrastrando vicios, ha traído un nuevo tipo de jerarquía en la pirámide del privilegio, los sabios, los visionarios, los profesores, los doctores que por medio de la estadística, la economía, el índice de crecimiento poblacional, las reservas de petróleo o el análisis geopolítico, pueden predecir el modo en que seremos exterminados por las bombas atómicas. No hablo por supuesto de los muy valiosos casos excepcionales que no hacen sino confirmar la regla, fuera de ese pequeño grupo que logra equilibrar su posición de autoridad intelectual con su activismo político en favor de los pueblos, la regla general es el privilegio y la pedantería.
Entre las esfinges académicas existen dos rangos generales que me gustaría enumerar:
Primero está el deseo de muchos de estos genios de la opinión contemporánea, de que la humanidad regrese a una etapa en la que todavía existía la moral, y ya sabemos como funciona la entropía, es decir, el regreso hacia un pasado idealizado ¿Qué podría salir mal?
Para el segundo rasgo me extenderé en una formulación más amplia. Entre muchos de nuestros supersabios existe la idea de que los modelos de izquierda y derecha han dejado de ser útiles. No quiero decir que tales conceptos fuesen instrumentos de precisión ni que se distinguieran por su incorruptibilidad, al contrario, la división política entre izquierda y derecha es una linea imaginaria útil a la demagogia y al engaño. Sus doctrinas, aunque antagónicas, obedecían a las mismas escuelas de pensamiento y conducían a las mismas conclusiones, con resultados de apariencia incomprensibles, en realidad bastante predecibles, los políticos neoliberales se vieron obligados a utilizar formulas socialistas para rescatar el modelo capitalista, mientras que los gobiernos progresistas no hicieron sino continuar la agenda del capital bajo pretextos y argumentaciones que los supersabios académicos les fueron proporcionando. Llama la atención los argumentos en defensa del Estado siempre salgan de la boca de sujetos privilegiados por su posición jerárquica dentro del sistema político económico.
El hombre masa
Los genios académicos llaman con urgencia a dejar atrás la infancia y a interpretar el mundo a través del pensamiento analítico. A diferencia de lo que creen las altas autoridades académicas, el pensamiento analítico no representa, no representó nunca ni ha de representar ningún reto para ningún ser humano, por ejemplo, un policía de tránsito puede analizar durante años de experiencia la materia de su expertiz, el tránsito vehicular y la problemática de las grandes aglomeraciones urbanas, el agente puede llegar a la conclusión de que izquierda y derecha son conceptos inútiles que solamente confunden a los conductores haciéndolos escoger entre dos rutas igual de atascadas, cuando la verdadera dicotomía está entre, antes y después ¿A qué hora? Si los horarios de escuela y de trabajo estuvieran planeados en virtud de la eficiencia, se tomarían en cuenta los embotellamientos vehiculares producidos por la coincidencia de horarios. Una persona dedicada a su propio oficio durante años sin duda podrá proponer soluciones interesantes en función de la capacidad analítica que todos poseemos como seres humanos. Pero esta capacidad no existe cuando hablamos del hombre masa. El hombre masa es un concepto útil cuando hablamos del fenómeno electoral, La masificación de los votos como forma de capital político.
El hombre masa no tiene la capacidad de analizar desde una perspectiva específica porque es la mirada colectiva, no tiene una especialidad porque se encarga de todo, de todo y cada vez más, la explotación capitalista dió paso a la eficiencia en la explotación capitalista y ésta dio paso a la versión austera de la eficiencia de la explotación capitalista, ahora estamos en proceso de reemplazar a todos los trabajadores por robots con inteligencia artificial, proceso del que se hará cargo el hombre masa.
Es cierto que el hombre masa está formado por individuos capaces, dotados de un pensamiento analítico, el asunto es que cuando se pierden todos los vínculos racionales entre los electores y la clase política, el individuo desparece y sólo queda el hombre masa. El individuo desaparece porque la gobernanza se aleja de sus necesidades y demandas, dejando en su lugar el discurso de Lo que el país necesita, Lo que es mejor para todos, El interés común, la visión del superhombre en beneficio del hombre masa. Cuando el sujeto no ve nada que lo vincule con la oferta política debe recurrir a los medios de manipulación del hombre masa y buscar ahí algo que le de sentido a su voto, Las promesas de campaña, esas promesas de resolver lo que es necesario de manera urgente pero que no es tan fácil de alcanzar y por eso debemos ser pacientes y seguir votando por la misma basura durante el resto de nuestra vida.
Sobre el hombre masa cae la responsabilidad de diferenciar entre una manipulación y otra, de juzgar la honestidad de un candidato por la calidad de su fotografía, de discernir si un proyecto de nación es viable o nos hundirá en la ruina, aunque en realidad nunca se nos haya presentado de manera clara. Sin embargo el hombre masa debe escoger de manera urgente entre lo peor y lo menos peor porque en el fondo de la consciencia europea esta el miedo y el miedo no es un buen consejero.
La derecha
Por fortuna hay entre nosotros mucha gente que si entiende y se entera de todos los pormenores pertinentes para llevar a cabo una elección adecuada, se llaman políticos y están asesorados por estadistas, economistas, analistas geopolíticos y toda la fauna de criaturas de la supersapiencia.
El alto nivel alcanzado por las universidades ha traído como resultado una generación de intelectuales de un nivel superior, de un supernivel, que han dedicado toda una vida de análisis y estudio a llegar a conclusiones de una complejidad inédita. Un conjunto de saberes que se reparten por igual a través de la jerarquía piramidal. Cada patriarca es responsable de un grupo de 20 alumnos por año, seis horas por semana dentro del calendario escolar, donde han de resumir sus experiencias de toda la vida frente a un privilegiado grupo de entusiastas imberbes, capaces de recrear la sabiduría de sus mentores al pie de la letra, con toda su floritura y su complejidad, que son un verdadero jeroglífico para los alumnos de la facultad de al lado, ya no digamos para el policía de tránsito.
El conocimiento pasó de ser un privilegio de las monarquías a un articulo exclusivo para la clase intelectual del aparato productivo. El hombre masa, huérfano de doctrinas, busca respuestas y mesías entre la política emergente, los extremistas, los anarco-capitalistas, los electro-surrealistas, los cómico-chantajistas, los ecologistas en favor de la guerra, los genocidas… Es eso o votar a los viejos partidos políticos que hasta ahora no han producido más que decepciones.
¿Alguien podría afirmar que este es el escenario propicio para una catástrofe?
El auge de la extrema derecha se convierte en el capital político de los partidos de izquierda pues se auto nombran la única alternativa al extremismo y eso justifica todos los errores cometidos y por cometer.
La maquinaria de la catástrofe no hace sino calentarse.
Los sabios, insistiendo en la obsolescencia de la dicotomía izquierda-derecha, encuentran las propuestas emergentes útiles y positivas, aunque sea solamente para resaltar la inconformidad del electorado, para escupir su inconformidad en la cara de un aparato político deficiente. Algunos genios incluso llegan a señalar las ventajas de votar por Donald Trump, quien después los decepcionó porque no se apegó a sus propias ideas y propuestas. Seguramente los dueños de los partidos de extrema derecha, fanáticos religiosos, nietos de nazis y fascistas, sí se apegarán al plan.
La maquinaria ya se está sobre calentando.
El proceso de colonización cultural, cometido por los europeos en casi todo el mundo, continúa ahora en las mentes y en las instituciones, los superhombres brotan por todas las latitudes, no se necesita la explicación de ningún experto, basta con la carga de complejos culturales heredados del viejo continente.
Los frentes de la resistencia son escasos, la unidad es un extraño fenómeno del pasado, los sabios nos advierten sobre la falsedad de la política sin anunciar un camino claro.
La competencia individualista produce superhombres que se desprecian unos a otros, la única forma de convivencia es a través del dios dinero, bajo la dirección de los mesías, gurús, iluminados, pentecostales, sionistas, influencers o chats de inteligencia artificial.
Tal vez la solución a nuestros problemas no esté en el pasado glorioso ni en el futuro utópico, sino en detener por primera vez la marcha de la humanidad y mirarnos como personas comunes y corrientes. Todos somos ignorantes frente al cúmulo total de conocimientos, unos más, otros menos, pero al final el hombre más culto ignora algo que el más simple entiende a la perfección sin intentar siquiera razonarlo. Necesitamos vernos como iguales si es que queremos enfrentar juntos los problemas políticos y sociales que nos aquejan desde hace ya demasiado tiempo.