La cultura bajo el cobijo del poder.

Jorge Alejandro Suárez Rangel

No existe un modo legítimo de cortar con el clientelismo y el paternalismo cultural, pues nadie que reciba un sueldo del estado tiene la autoridad moral para retirar los estímulos oficialistas. Los sueldos de funcionario público suelen ser insultantes por sus groseras cantidades, frente a la pobreza general y los planes de austeridad que los propios funcionarios promueven. Este simple hecho revela todo el trasfondo lógico del servicio público. Es imposible encontrar un argumento ético para que, los que más ganan, le quiten el sueldo a los que menos tienen. ¿Y quién sino un alto funcionario ha de tomar este tipo de decisiones? Los políticos populares, los que dan la cara por el sistema, son los que aplican los planes de austeridad, los que pagan el costo político y luego dejan espacio para que vengan otros políticos, de otras fracciones, a continuar con la labor de la austeridad: la doctrina política del tercer milenio.

Una vez aclarada mi postura a este respecto, procedo a explicar el lugar de los estímulos oficialistas al arte y la cultura, dentro del contexto del clientelismo y el paternalismo.

-Entorno social.

Los terribles regímenes de explotación en la era de la austeridad, no serían posibles sin el clientelismo. La clase trabajadora y las masas pobres, en general, están al borde de una rebelión que sólo es contenida por los líderes carismáticos, la demagogia y las dádivas oficiales. El escenario devastador de la crisis sistémica no ofrece justicia social, derechos humanos ni dignidad; ofrece dádivas: servicios de salud, alimentación, hogar y todas las garantías mínimas del contrato social, son condicionadas campaña tras campaña a cambio de votos y filiaciones partidistas; una práctica tan generalizada, que se ha vuelto parte de la normalidad.

El arte y la cultura son también derechos colectivos, como el agua y el respeto, aunque, por su naturaleza, han sido colocados lentamente y a lo largo del tiempo, en un depósito distinto. Comencemos pues por delimitar esta naturaleza, con relación al tema que aquí toca, sin pretender llegar a una definición universal de arte y cultura.

-Cultura.

La cultura tiene, entre sus cualidades, la particularidad de ser un conocimiento al alcance de la mano: un conocimiento colectivo y enteramente práctico que se obtiene por medio de la imitación directa, de la capacidad inherente en cada ser humano, de convertir la empatía en conocimiento. La imitación es una pedagogía que no necesita hacer aduana por la consciencia, hacer parada en el neocortex ni ser filtrada por la razón; es más un sentimiento que un pensamiento, es la sensación de pertenencia. El instinto de imitar viene ligado estrechamente con la cultura, pues esta última es un conocimiento que pasa de manera directa y casi automática, ya que necesita llegar a todos los miembros del grupo, sean estos niños, ancianos o cualquier sujeto de capacidades diferentes; que abarca desde las formas de comunicación, hasta los medios de supervivencia y establece un vínculo inquebrantable entre unas y otros: entre la pintura y la cacería, entre el baile y la agricultura, etc. La cultura viene a ser, en este sentido, una forma de sabiduría colectiva, que se trasmite por imitación.

La sabiduría de la cultura se opone a las dinámicas de dominación, pues cuando una cultura está acostumbrada a producir sus propios alimentos, será difícil convencerla de obtenerlos de otro modo, pues cuando una cultura está acostumbrada a intercambiar directamente sus productos con otros productores, será difícil convencerle de adaptarse a las reglas del mercado capitalista, pues cuando una cultura está acostumbrada a organizarse para resolver sus problemas, será difícil convencerle de creer en políticos. Ante este comportamiento, la cultura debe ser reprimida y suplantada por héroes y banderas; se requieren largos periodos de escolarización y propaganda. Nuestras generaciones no conservan ningún recuerdo de ello, pero al principio fue una batalla el convencer a los pueblos de acudir a los centros de educación; tuvo que acudirse a figuras como la obligatoriedad, que implicaba castigos legales en contra de quien desobedeciera el mandato oficial. Hoy en día la situación está más que digerida: el instinto se adapta perfectamente al aparato; imitamos la corrupción de nuestras autoridades, el individualismo de nuestros proveedores y el sometimiento de nuestros mentores.

A este aspecto pedagógico de la cultura, que actúa como reflejo del comportamiento grupal, responde el aspecto del arte que abordaré a continuación.

-Arte.

El movimiento reflejo de la cultura no da acuse de recibo a la consciencia, la mayoría de los sujetos culturales ignora las implicaciones mercantiles y/o políticas de la cultura, contentándose con la sensación de pertenencia que esta les da. El arte juega aquí un papel conscientizador, al abordar el conocimiento cultural y actual sobre él, de modo que no se rompa la identificación grupal, pero si cambie el ángulo de visión lo suficiente como para hacer notar al observador, la relación entre el conocimiento y el individuo. Este tipo de arte puede ser duramente crítico o profundamente chauvinista, pero siempre provoca un reencuentro con la cultura que es, a la vez, una expresión irracional o no totalmente consciente. Estas expresiones varían, según el pueblo y/o la cultura que las manifiesta. La danza refleja, en una cultura, la forma en que esta asume su sexualidad, mientras que en otra cultura, se dedica a representar el sentido religioso de la casería; el teatro es, a veces, solemne ritual, otras veces sarcasmo de la estructura social; la música es capaz de revelarnos el carácter de un pueblo entero. Los jóvenes norteamericanos son fanáticos de la música electrónica, en tanto que son autómatas de la cultura del consumo; aborrecen el carácter reflexivo de la música clásica y la tachan de lenta porque solo comprenden la velocidad de los autos a gasolina; al mismo tiempo, los amantes de la antigua música europea, estructurada y perfeccionista, censuran la libertad absoluta de la percusión africana.

El observar los fenómenos artísticos y culturales de una cultura ajena suele ser muy instructivo: la pintura europea se esfuerza a lo largo de su historia por hacer una representación de la visión racional del mundo, en sus obras se aplican leyes matemáticas y físicas, tan estrictas como las formulas científicas con que dominan la naturaleza en favor de la industria; el realismo es el forcep más terrible que la cultura occidental ha aplicado a la percepción.

El arte tiene pues la capacidad de incidir en la re-interpretación del conocimiento, a través de la re-formulación misma de la cultura, de su recreación y, en consecuencia, su re-apropiación. Esta particularidad convierte al arte en un potencial instrumento de manipulación, algo que los sistemas de dominación han ido aprendiendo lentamente. Y ya hace bastante tiempo que los poderosos utilizan estos instrumentos, coaccionado artistas económicamente; una práctica que existe desde mucho antes que a esto se le llamara apoyo a la cultura y se le considerara un derecho.

-Sistematización de la ayuda.

La lucha constante entre la demanda de derechos por parte los dominados y la demanda de mayores beneficios por parte de la clase dominante, ha ido cambiando las formas, pero la lógica se mantiene en el fondo: se intercambian dádivas, reconocimientos y puestos de privilegio a cambio de posturas afines, gestos de aprobación y hasta obras propagandísticas.

En teoría, existe la libertad de creación y elección: las academias ofrecen sitios para tener el derecho a ser educado conforme al modelo vigente; hay ofertas culturales en los sitos oficiales y en los horarios programados por las autoridades. Se destinan fondos para comprar la producción artística de los creadores independientes. No existe la censura: si una obra no es contratada, es porque no entra dentro de la temática a promover durante el periodo; una temática que va siempre en favor de la clase dominante, del plan de desarrollo, de los intereses las mayorías, etc. Y esta es la piedra angular de la sistematización de las ayuda oficial, la temática a seguir: una doctrina que se aprende desde la academia, justificada por las prioridades de la nación, de la historia y, sobre todo, de la economía. La temática de una administración de gobierno es su agenda propagandística.

La financiación oficial no es, bajo ninguna circunstancia, un ejercicio libre; obedece a la misma estructura piramidal sobre la que se sostiene todo el aparato de dominación. Existe la consciencia de lo que el aparato desea obtener de nosotros a cambio de su apoyo financiero y también de lo que no: el progreso nunca ocupa de críticas ni ataques al sistema vigente. Resulta realmente sencillo alinearse a las intenciones propagandísticas del modelo en turno, solamente es necesaria un poco de humildad y muchos deseos de sobresalir a cualquier costo; así sea este un costo moral o ético, lo mismo da. Lo importante es hacer arte por el arte mismo, pero siempre bajo la protección del estado.

-La instrumentalización.

La autoridad de otorgar dádivas es también la autoridad de calificar lo que es arte y lo que no lo es; de aceptar y de excluir. Pero la autoridad sobre un tema siempre tiene implicaciones mayores. El derecho del pueblo a producir arte se pierde cuando el estado adquiere la autoridad de definir lo que es arte y lo que no lo es. Ahí, son el pueblo y los creadores quienes tienen que adaptarse a los criterios del estado para poder, ya no recibir la ayuda económica, sino ser simple y llanamente considerados artistas.

Una estructura de esta naturaleza es un repelente para mentes críticas y criterios propios; deja el campo libre a sujetos ansiosos de reconocimiento, así como oportunistas de toda índole. Las afinidades a una agenda oficial y/o académica, bien pueden justificar cualquier acto de favoritismo e incluso de nepotismo, en un sistema de estímulos que no se basa en la libertad individual sino en la aprobación de orden vertical. Esto conduce inevitablemente a la corrupción del aparato, donde los ideales son rápidamente desplazados por la oportunidad y el pragmatismo.

-La oficialidad del arte.

Siempre pueden reaparecer idealistas pregonando que se puede hacer arte libremente, independientemente de dónde se obtengan los recursos para realizar tales artes. Quienes hablan de este modo, niegan la naturaleza del aprendizaje, la adquisición de conocimientos colectivos y el aspecto irracional de la cultura. Negar la naturaleza del aprendizaje es negar el arte. El aprendizaje es un ejercicio de imitación que va más allá del método, pues la imitación es capaz de mirar por encima y detrás de las explicaciones: es un conocimiento que pasa directamente del cuerpo social al individual; es el aprendizaje por excelencia; la imitación por encima de toda compresión; de ahí la necesidad del arte. El arte es la reapropiación del conocimiento, el mecanismo por medio del cual se toma prestada la cultura para devolverse a sus legítimos dueños, pues no existe otra cultura que la que somos capaces de imitar y hacer nuestra, ni otro arte que el que somos capaces de admirar; aquel que es capaz de llevarnos al éxtasis.

La oficialidad del arte no pasa por el filtro del aprendizaje; el público imita lo que ve ¡la vida imita al arte! Las niñas sufren como las princesas de los cuentos, los niños pelean entre si como caballeros medievales y los adultos comprenden que uno puede decir y criticar lo que sea, siempre y cuando haya sido autorizado previamente por la autoridad correspondiente, y ostente el sello oficial.

Los estímulos oficialistas son pedagogía; la entrega de dinero a cambio de la cultura de un pueblo es, en si misma, pedagogía; su primer lección es la lucha que se entabla entre los que reciben dinero y los que no, los que tienen cultura y los que no; los adaptados y los rebeldes. Las becas son instrumentos de polarización y des-activación del movimiento social. El mensaje del arte oficial es bien conocido por el público, es el mensaje del gobierno, el mismo mensaje por el que han acudido la mitad de su vida a los centros de enseñanza oficial; es un mensaje tan conocido, que el público ni siquiera necesita acudir a los foros y exposiciones.

-La máquina.

Las ayudas oficialistas invisibilizan el arte, lo envuelven en material aislante y lo conducen al motor de la maquinaria. Si la cultura es el conocimiento que tenemos al alcance de la mano, entonces el arte cultural sería la apropiación (reafirmación) de ese conocimiento. Luego, el arte comercial sería la privatización del conocimiento y, finalmente, el arte oficial será la instrumentalización de la cultura.

Para entender el papel de la máquina, hay que entender el papel del aparato: la labor del aparato no es revisar si las solicitudes de presupuesto y los proyectos planteados corresponden a la realidad oficial; la labor del aparato es disciplinaria: el pueblo debe entender la normalidad del control del estado; aceptar su normalidad. La sociedad resultado de este adoctrinamiento es la máquina. El público dialoga con la máquina del arte, pero es incapaz de distinguir entre el arte y el adoctrinamiento, pues el espectáculo se presenta como una sola cosa: la pedagogía fusiona el arte con su modus vivendi. El arte se envuelve en papel celofán, mientras el aparato adoctrina al público.

-La austeridad.

Toda esta descripción corresponde apenas a una realidad pasada, algo que fue conformándose en un periodo anterior al nuestro, entre el renacimiento y la modernidad. Hoy nos enfrentamos a una realidad más complicada: el auge del capitalismo ha quedado en el pasado, el descubrimiento y la explotación de los derivados del petróleo nos catapultaron a una era hiper productiva, que expandió la economía hasta un punto sin retorno, donde todos los mecanismos culturales anteriores al medievo fueron virtualmente eliminados. Ahora comienza una etapa de contracción de ese auge económico, donde la Austeridad ha pasado de ser una etapa, para convertirse en el modelo a seguir. Aquellos que todavía no han alcanzado los beneficios del progreso, han perdido ya su oportunidad: la expansión de la salud, la educación y los servicios públicos, ya ha comenzado a retroceder; los presupuestos oficiales comienzan a cambiar sus prioridades: el clientelismo permanecerá todavía por un tiempo, aunque con mucho menos fondos a cada momento que pase. La cultura y, por consecuencia, el arte, se verán obligados a transformarse drásticamente y a definir su papel en el nuevo modelo de dominación.

Detrás de la necesidad inocente de ayudas oficiales para la creación cultural, existe una conciencia perversa: la conciencia de que no existe presupuesto suficiente; de que jamás ha existido ni existirá presupuesto para la aplastante mayoría. Este problema de actitud es resultado del periodo de auge capitalista, en que la derrama económica llegó a ser tan abundante, que fue posible abandonar toda base cultural a cambio de simplemente estirar la mano y pedir. Las masas humanas se vieron premiadas repentinamente por los bajos costos y la abundancia de productos, el consumo absorbió toda la atención, formando una sociedad hedonista. De haber sido posible mantener este estado de las cosas, estaríamos viviendo hoy en alguna de esas distopías narradas por la literatura; sin embargo el modelo comenzó a mostrar sus fisuras desde muy temprano y ya a mediados del siglo XX había estallado la primera crisis civilizatoria, marcada por el individualismo, la polarización y la xenofobia. Aquella primera muestra nos enseñó que los sujetos del hedonismo, al ser sometidos al estrés de la austeridad, reaccionan con inusitada violencia para con sus semejantes, a quienes miran como competidores en medio de la escasez; frente a la competencia descarnada, surge un sistema de pensamiento que supone la existencia de unos seres humanos mejores que otros, donde los derechos y las dádivas son merecidos por los más inteligentes, los más fuertes, los heterosexuales, los que llevan más tiempo esperando, los habitantes originales del país, los de raza más pura, etc.

-Conclusión.

Los artistas, a través de tiempo, no se han escapado al comportamiento hedonista ni a su descomposición; han sido instrumentos de los más aberrantes sistemas post-clientelistas y han hecho uso de su responsabilidad dentro de la naturaleza del aprendizaje cultural, que les coloca a la vanguardia del movimiento social. Pocos son los que han alcanzado a prever la catástrofe y se han decidido a oponerse a esos modelos de dominación, pero hasta ahora no existe un ejemplo de triunfo entre esos movimientos culturales. Los países des-culturizados que fueron dominados por el extremismo y llegaron hasta el límite de la barbarie, sólo fueron detenidos por las armas de otros países en guerra contra ellos.

La austeridad es una salida ante la insostenibilidad del modelo industrial moderno, sus métodos son contradictorios, pues pretenden mantener la manipulación y el clientelismo, cuando los recursos materiales van en camino de la escasez. El movimiento social que exige la permanencia del paternalismo, agrava la crisis, conduciéndola a un callejón sin salida. Los grupos dominantes deberán encontrar una alternativa para escapar a la espiral y sobrevivir; esa alternativa será el nuevo modelo de dominación. Nosotros debemos labrar también nuestro futuro, romper el circulo vicioso y superar de una vez la inutilidad cultural. Debemos aprender de aquellos pueblos que, contrariamente a nosotros, que hemos optado por pelear contra los extranjeros, contra las minorías étnicas y hasta entre nosotros mismos, se han decidido a pelear directamente contra las industrias, los intereses económicos y los aparatos militares responsables de sus problemas. Pues quien, por cualquier razón, decide no luchar contra el opresor, tarde o temprano encontrará una justificación para luchar contra sus hermanos.

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Trump le lava la cara a AMLO

El showman que preside la casa blanca, famoso por su personaje de televisión basado en el cliché de un capitalista de enciclopedia, ha amenazado con imponer aranceles a México. Aranceles que, paradójicamente, afectarían también a la economía norteamericana, con efectos inmediatos en sus mercados, encarecimiento de productos necesarios para su consumo interno a mediano plazo, conflictos con la cúpula del partido republicano (que se ha manifestado en contra de las medidas arancelarias, junto con los demócratas, por cierto); aranceles que ponen en riesgo la firma de un tratado comercial cuyo principal beneficiario sería la unión americana y cuyo fracaso afectaría directamente la campaña del protagonista de la historia, además de violar leyes y los tratados internacionales que han firmado los EU en administraciones anteriores. ¿Cómo puede entonces este maniático comprometer a su país en semejante incoherencia? Veamos.

Donald es el único ser viviente que ha podido realizar, en carne propia, la utopía del sueño americano, convirtiéndose en millonario gracias a su mérito, su inteligencia y su astucia. (¿no se le escapan las lágrimas con esta conmovedora historia?) En su aventura más reciente, lo vimos ganar, el solo, la presidencia del país más poderoso del mundo, solamente escribiendo mensajes de 144 caracteres que cautivaron al público sensible y conocedor de piel blanca. Pero falta lo mejor. En esta nueva temporada de Donald el millonario, el guion nos lo presenta como un ser capaz de sacudir al mundo entero en un arranque caprichoso, de sacar al planeta de su eje o revertir el curso de la historia, con el solo movimiento de sus labios; una suerte de Aquiles evolucionado con poderes electrónicos y una cuenta de Twitter. ¿de verdad se cree usted todas estas patrañas? Seguramente me está tomando el pelo, así que voy a continuar con mi reflexión y a hacer de cuenta que hablo con alguien serio.

En la realidad, los presidentes son representantes: representan a los intereses de distintos grupos en el escenario de la política, enuncian frente a las cámaras y los micrófonos, los discursos que se han preparado previamente para ellos; obedecen a distintos directores y dramaturgos, a veces talentosos y eruditos; otras veces en franca contradicción y desatino. Hay discursos que, incluso, llegan a ser tan absurdos, que son capaces de poner en aprietos al más genial de los improvisadores. Como ejemplo tenemos al ex presidente de México, Enrique Peña Nieto, el más grande comediante involuntario jamás reconocido por la academia, patiño insuperable que el mandatario estadounidense no ha podido reemplazar ni con el talento innato de Maduro. Sin embargo, por regla general, los presidentes mantienen una imagen de poder en la que la gran mayoría cree. La presidencia suele ser el espectáculo mejor producido y más coherente de entre todos los instrumentos de propaganda y manipulación.

En la pantomima de los aranceles a México, debo confesar, me es difícil entender la broma. Una rebuscada y ruidosa entrada, que se desinfla segundos después, cuando el comediante queda en evidencia, por sus amenazas de papel mojado, y se hace vulnerable ante sus enemigos, que podrían simplemente mandarlo a volar. Sin embargo el maestro de ceremonias afirma que todo el número ha sido un éxito: un acto de campaña inigualable. Y el publico debe aceptarlo simplemente porque el guion así lo dicta. Un drama de tercera categoría, que pone de rodillas al bueno, solamente porque el malo es muy malo; una novela barata e inverosímil. Sobre todo cuando el pastelazo nos convierte, por obra de ilusionismo y cantinfleo prodigioso, en “tercer país seguro”. ¡Patio trasero y sala de espera a la vez! Una trama que supondría la capitulación del representante mexicano ante la mirada atónita de su público cautivo; una escena que abandona el hilo conductor de la historia y traiciona la trama arbitrariamente. ¿Es que ya no hay control de calidad? A menos que el capitulo ya hubiera sido filmado con anterioridad, en lo oscurito y, al tratar de hacer el matching, resultara tan incoherente, tan falto de correspondencia lógica para con el personaje de AMLO, que sus manejadores tuvieron que hacer un reclamo a los guionistas para que le cambiaran las líneas de inmediato. Caso típico en que se recurre al villano de la historia para reivindicar el papel del héroe. Un héroe que con valor, pero también con cautela, manda a su gordo escudero a convencer a los perros de que ladran porque cabalgamos.

Por supuesto la trama política no se puede explicar de un modo tan sencillo como el que aquí es utilizado. López Obrador es un luchador social, líder de una larga batalla por la legalidad democrática; un presidente que ha mostrado simpatía hacia integrantes del partido demócrata, contrarios a los intereses del gobierno norteamericano en turno; por otro lado, Andrés Manuel ha contravenido el plan migratorio planteado por su vecino del norte, tomando recursos económicos que los EU ya habían destinado al desarrollo del plan Mérida y la creación de una zona de seguridad al sur del país; sus intenciones son buenas, su posición es vulnerable. Los ataques esgrimidos por el presidente Trump son la respuesta de un enemigo poderoso que despliega sus recursos ante lo que considera una amenaza a sus intereses geo-estratégicos; los aranceles son, además, parte de una guerra comercial que se está jugando en el mundo entero; una realidad cruda y dura, ante la que hay que replegarse o tomar partido. México, un país desarmado, con una capacidad militar insuficiente hasta para resolver sus propios problemas de violencia interna, ubicado junto a la mayor potencia militar, ha tenido que someterse a lo largo de la historia; su vocación humanitaria, su apertura hacia los migrantes y refugiados, está hoy en conflicto con las resoluciones comerciales que lo comprometen con su principal socio; se le ha orillado a escoger entre mantener sus propios principios y convicciones, o enfrentar la furia del presidente más terrible y despiadado que haya manejado nunca los asuntos políticos, económicos y militares del gigante norteamericano. Sí, definitivamente este melodrama está más acorde con los gustos del público local.

Ponga usted entonces el género que prefiera al vodevil, el realismo de noticiero o la verdad de los ganadores, da igual. Al menos ahora podemos pararnos con humildad frente a los cientos de miles de víctimas caídas, desaparecidas, torturadas o esclavizadas en su intento por escapar del terror centroamericano. Terror desatado por las políticas y estrategias fallidas del imperio; una zona plagada de feminicidios y bandas criminales, donde la guardia nacional prepara sus armas contra los inocentes, mientras los niños son separados de sus padres y se les deja morir en las cárceles de la frontera sur como en las de la frontera norte. Un circo esperpéntico en donde aparece un payaso de pesadilla a mitad del acto, para limpiarle el sudor del rostro al equilibrista y malabarista de la desgracia. Al menos ahora podemos mirar de frente a nuestra consciencia y decir: hemos hecho todo lo que hemos podido, pero no ha sido suficiente; toda la culpa es del payaso.

Capitalismo y fascismo del pensamiento cotidiano.

El capitalismo es un sistema social y de pensamiento, basado en el consumo y la confianza religiosa en las leyes del mercado. Es una conducta adquirida por los comerciantes medievales, que desembocaría en un individualismo generalizado y cruel.

A la luz de un evidente regreso de los extremismos de derecha, me permito recordar, como recomendaba Brech, los orígenes capitalistas del fascismo.

Anonimato y lucro.
El comercio, como instrumento de poder, debe haber surgido en las condiciones más adversas: cuando aún los monarcas militares y los ejércitos mercenarios dominaban la vida cotidiana de forma directa, y no a través de filtros políticos como ocurre ahora. Los pequeños comerciantes ambulantes de aquella época, deben haber estado amenazados por soldados, piratas y caballeros andantes que, pretendiendo representar la justicia, imponían duras cuotas sobre cualquier lucro que se atravesare en su camino. Aquellos comerciantes, al contrario de los juglares y los cómicos de la legua, que padecieron la censura y el castigo del absolutismo, deben haber optado por la mayor cantidad de anonimato. Un anonimato dócil y honesto que se conformaba con tener la libertad de lucrar para así poder obtener los medios de vida. Su docilidad, adquirida a garrotazos, les convertiría en una subespecie humana, hermanada con los roedores (los verdaderos expertos del lucro anónimo).

Los extremos se juntan.
Aquellos comerciantes, los primeros proto-capitalistas, deben haber estado arraigados a principios católicos europeos, como la bondad y el sacrificio; se trataba de buenas personas, aunque no en el sentido maniqueo, sino más bien paradójico. Pues no son lo mismo la bondad y el sacrificio que se ofrecen, de manera espontánea, frente a situaciones inesperadas, que la bondad y el sacrificio como resultado de una obsesión compulsiva. En el primer caso, la bondad y el sacrificio son accidentes que han de ocurrir en algún momento fuera del control del sujeto y se ubican en el plano divino. El segundo caso obedece a la neurosis, a una patología que nos hace creer que podemos controlar el destino con herramientas mundanas. En el primer caso, la bondad es una virtud otorgada por la altura divina, como una sabiduría milagrosa; en el segundo se trata de una meta obligada, que se ha de obtener a cualquier costo. La bondad y el sacrificio pueden situarse en un punto medio o, bien, al extremo de la bondad, donde se mira la paja en el ojo ajeno, porque el auto sacrificio es la justificación para sacrificar a los demás, en una realidad cruel a la que todos han de someterse.

 

Especulación.

Los comerciantes anónimos asumen el anonimato porque se sienten en peligro; son víctimas de la agresión del mundo, aunque prefieren no enfrentarlo, pues no creen que sea posible cambiar ese mundo; se han rendido y han abandonado las filas de sus semejantes, con la esperanza de que aquellos se rindan también. En tanto que observan que hay pocas oportunidades de salvarse, deciden salvarse a si mismos y dejar que los demás se las arreglen como puedan. No hay espacio para la solidaridad; acaso, para la alianza con gentes que ayuden sin exigir mucho. Desprecian las formas de organización familiares y/o amistosas, prefiriendo las alianzas comerciales: las sociedades. Son socios que especulan con la realidad y la moral, acomodándolas a sus intereses inmediatos. La realidad es su argumento favorito: afirman que el mundo es como es, que no puede cambiar y, al mismo tiempo, intentan imponer su visión de la realidad: su monopolio de la verdad, pues la realidad es un objeto inflexible e inmaleable, guardado en una cabeza dura. No se dan jamás permiso de aceptar los argumentos de un adversario. Es difícil convencerlos, pues se trata de negociadores dispuestos a regatear sin tregua; lo único que contenta su necedad, es la sensación de haber obtenido una ganancia.

 

El progreso.
El lucro es una de las motivaciones de la tiranía y el poder, sin embargo hubo una época en que este se acompañaba de la fama, en que los generales y los monarcas eran precedidos de su fama, como garantía del poder que ejercían. La fama era tan importante, que había especialistas encargados de mantenerla en forma: así, cuando un militar resultaba ser demasiado despiadado, se contrataba a un poeta que hablara de su dulzura oculta y su buen corazón; cuando, en cambio, el heredero al trono salía demasiado idiota o débil, se servía de los servicios de un biógrafo para hacer públicas sus hazañas, cometidas durante batallas en países lejanos. Tras la decadencia del modelo monárquico, la fama se convirtió en un estorbo y en un peligro para quien ostentaba el poder, a causa de las revoluciones y las guillotinas.

Con las revoluciones se abrió un marco de oportunidad para aquellos que saben convertir los momentos de crisis en ocasión para la inversión y la ganancia. Fue la oportunidad ideal para la entrada del capitalismo. La fama se volvió en contra de sus dueños y se puso a favor del nuevo modelo de dominación y poder, pues el espíritu anónimo de la burguesía, prefirió mantener el foco lejos de si, en provecho de la propaganda.

Los antiquísimos vicios aristocráticos permanecen hasta nuestros días, modulados por el uso de cada época. Los capitalistas trasladaron la fama a las revistas y se sirvieron de ella para exhibirse, sin embargo dejaron que el foco principal brillara sobre un señuelo: ídolos populares que representan al pueblo, figuras de cartón que dejan grandes ganancias a la industria del espectáculo. El odio que producen la pobreza y la explotación, fue desviado hacia los gobernantes: hacia los representantes del poder, quienes, por su parte, desviaron la atención en contra de sus rivales electoreros, creando un efecto de espejos, aderezado con demagogia, que jamás apunta en dirección del complejo industrial militar (los verdaderos dueños del poder, ocultos detrás de las cortinas). Los representantes democráticos entraron al reparto de la representación manipuladora, responsable de formar un pueblo a imagen y semejanza de los capitalistas; con sus vicios de conducta, sus mitos y sus fobias.
Los capitalistas, basados en la arbitrariedad de su moral y su patológica visión del mundo, crearon un sistema social, donde los valores largamente formados, a través de la historia del pensamiento humano, fueron sustituidos por primitivos derivados de la supervivencia y la adaptación. Adaptarse significa formarse en la fila de la meritocracia y esperar a que se desocupe un lugar. Los lugares no son nunca suficientes, por lo que la línea avanza a un ritmo muy lento y es muy probable que jamás se obtenga una vida digna. Sin embargo los bien portados pueden aspirar a las sobras de la comida, la ropa de segunda mano y los muebles viejos.

 

Zeitgeist.

Las promesas utópicas, el deseo de sentarse en un cómodo sillón frente al televisor y la posibilidad de poder ir al supermercado a comprar lo que sea en el momento que sea, fueron motivación suficiente para convertirnos a todos en fascistas.

Los fascistas se paran junto a la ventana de sus propiedades privadas y, desde ahí, observan su pequeño reino; ven pasar la gente; lanzan juicios y sentencias, pero no quieren profundizar ni discutir sus razones; aborrecen la filosofía porque los desnuda de inmediato. Se asumen conservadores y tradicionalistas; confunden la tradición con la xenofobia y el espíritu conservador con la intolerancia; se niegan a aceptar que, para conservar las tradiciones y todo el tejido comunitario, es necesario luchar. No creen que la justicia está en que se repare el daño, sino en que se imponga daño a los demás y beneficio para ellos mismos. Anteponen el lucro a la lucha y el individualismo a la colectividad. Los fascistas jamás ayudan de forma desinteresada, pues creen que un acto de caridad puede confundirse con una responsabilidad adquirida, una maldición que ha de perseguirlos por toda la eternidad. Escuchan más a sus fobias que a cualquier instinto natural o pensamiento crítico; cambian el sentido de las cosas y su significado. Confunden las teorías darwinistas con sus propias conclusiones primitivas, acerca de la ley del más fuerte (donde los fuertes lucran con el trabajo de los débiles). Y, por sobre todo esto, tienen la capacidad de descalificar a cualquiera que se encuentre en una posición vulnerable: los extranjeros, los desempleados, los pobres, las mujeres, etc; los vulnerables son la válvula de escape, sobre quienes se desahoga la frustración de tener que aceptar, con bondad y sacrificio, todo aquello que no se deja pisar.

 

Mediocridad

No te sorprendas si te identificas con muchas de las conductas aquí enunciadas, todos somos individuos consumidores, modelados por la cultura capitalista. Odiamos, por ejemplo, la mediocridad, pero en muchas culturas antiguas mediocridad significaba punto medio, templanza de espíritu, equilibrio y era considerado como una virtud, aunque los fascistas, en su extremismo, odien la mediocridad, el punto medio y el equilibrio. Más allá de todas las calificaciones y descalificaciones anteriores, hay que remarcar que el extremismo es desequilibrio, inclinación que mueve la balanza en favor de la enfermedad mental. Los fascistas son sujetos capaces de apoyar una guerra y hasta un genocidio, siempre que un meme con seis palabras los convenza de que será en provecho de su modo de vida. El fascismo no es una película de Hollywood ni una historia de la segunda guerra mundial; es nuestra realidad cotidiana. Para erradicarlo del mundo, debemos comenzar por erradicarlo de nosotros mismos.

facebook censura sitios de noticias

nodo

La página de análisis político Nodo 50 así como su socio de análisis financiero Ceprid están siendo censuradas directamente por facebook, la cual lanza advertencias cada vez que se pretende compartir algún contenido. Se trata de medios serios y objetivos que difunden información seria y de carácter relevante, cuya censura solo puede obedecer a intereses creados. Pero juzgen ustedes mismos.

ceprid

Reflexión 14 puntos

Pedro Echeverría V.

14 puntos de reflexión sobre el robo de combustible

Pedro Echeverría V.

1. Partiendo de que la pobreza del 80 por ciento la población mexicana continuará por décadas y que el 40 por ciento de ella seguirá en la miseria, en tanto siga el capitalismo y el dominio yanqui.

2. Que entre la gente miserable tiene muy poco –casi nada- para vivir y alimentarse; incluso en periodos de ningún ingreso y de hambre, está dispuesta a abastecerse con lo que sea y como sea.

3. Que apropiarse del combustible, de la electricidad, del transporte, de las tierras, etcétera, etcétera, representa un ingreso, un ahorro, una oportunidad de poseer algo negado de por vida.

4. Si esto es así, en primer lugar está acabar con el hambre, la miseria y la pobreza de más de 100 millones de mexicanos, para que no haya necesidad urgente de robar o conseguir algo.

5…

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Cuando veas las barbas de Brasil rasurar…

Esta mañana, como cada día, abrí el Facebook; sólo para confirmar que el odio seguía ahí.
Apenas han pasado unos meses de que la mayoría de mis contactos celebraran el gran triunfo de la izquierda mexicana, contagiados del espíritu festivo y positivista que los asesores de campaña supieron darle a Morena, para confrontar la propaganda de odio que suele lanzarse desde la derecha. Hoy, casi los mismos contactos (que ayer se identificaban con la izquierda), repiten como disco rayado las mentiras, las consignas, los memes y las noticias falsas que los múltiples intereses reaccionarios (de derechas) reparten por todos los medios de comunicación y confusión. La misma materia gris que antes les ayudo a diferenciar entre los intereses económicos de unos cuantos (invertidos en el NAIM) y el futuro ecológico de todos los habitantes de la ciudad de México, hoy parece haberse reducido al intelecto de un niño que tiembla de miedo por las historias nocturnas de migrantes malvados que vienen a burlarse y a robar a los inocentes mexicanos. El mismo cortex que antes sirvió para filtrar la avalancha de desinformación polarizante del periodo electoral, hoy parace haberse reducido a los instintos más básicos y sólo alcanza a repetir: feminazis, feminazis; mientras ríe para sus adentros. La misma maleabilidad que ayudó al despertar el pensamiento colectivo, luego de la larga pesadilla priísta, hoy parece hacerlo voltear de vuelta al abismo. ¿Tan pronto?
El mundo sufre un proceso de derechización, que es, a su vez, una consecuencia del reacomodo geopolítico-económico de las últimas décadas. Un recrudecimiento de las estrategias norte americanas, frente al difícil escenario de la dominación total o su inevitable decadencia. Pero también se trata de un proceso cultural de la sociedad industrial, del que ya hemos tenido noticias a través del fascismo del siglo XX. La radicalización de derecha acompaña a la civilización ilustrada y democrática, del mismo modo que el totalitarismo acompaño al fenómeno soviético; se trata de una tendencia autodestructiva implícita en la naturaleza humana. Aunque no se trata de un fenómeno espontáneo, más bien al contrario: tal naturaleza, para hacer su aparición en el contexto histórico, ha tenido que ser invocada desde siempre.
Los grupos de derecha; los poderes económico, político y militar son, por supuesto, los responsables directos de la radicalización; la realización de sus intereses, sus ambiciones egoístas, su megalomanía, su miopía cultural su falta de visión, etc. En resumen, todo el conjunto de rasgos que llevan a los poderosos a ser la perdición de sus pueblos. Pero hay en el cuerpo social otras responsabilidades, como la de creer ciegamente en candidatos reaccionarios o el hacerse a un lado y prestar oídos sordos a la desgracia ajena, bajo pretextos banales o simplemente por cobardía. Así como la ineludible responsabilidad de las izquierdas.
El fracaso de la izquierda es la mejor forma de invocación a los instintos retrógradas; es el fracaso de la ideología en turno, de la utopía en turno que, al desplomarse, arrastra con sigo todo el discurso histórico: el progresismo, la igualdad, libertad, fraternidad, etc; derrotados por el ridículo y vueltos a la figura infantil de los sueños inalcanzables. El fracaso de la izquierda, su fracaso moral y ético, le otorga la razón a sus detractores; las leyes de la fuerza y la astucia rastrera recuperan la autoridad; se impone la barbarie de los más listos, la supremacia de lo primitivo (de ahí que se les invoque a través de posturas anti-aborto, anti-identidad de género, anti-todo lo que se contradiga con la sociedad primitiva, que es donde la derecha del futuro está mejor cimentada). Se abre las puertas al tianguis de los mercachifles y las utopías new age, a los pastores millonarios de iglesias pobres, a los comediantes de televisión y los personajes de realityshow, capaces de llevar el chisme y la morbosidad a la tribuna nacional.
En realidad las campañas racistas, machistas, etc; son puro entretenimiento: ensayos para mantener en forma la mente primitiva, mientras se presenta la oportunidad de volver al ruedo de la política. Las inclinaciones más oscuras, los verdaderos argumentos de la derecha, son conjurados cuando la real politik arrastra a los políticos de izquierda a cometer los errores típicos: cuando el gobierno de izquierda aplasta la voluntad indígena en favor de un mega proyecto, cuando la política económica de izquierda obedece a grupos de interés creado, cuando se hace oídos sordos a la crítica, cuando se pone la seguridad en manos del ejercito so pretexto de la guerra contra el narco, cuando el descontento haya crecido tanto que sea inevitable sacar a las fuerzas represivas, cuando la violencia evidencíe el fracaso de la izquierda.
Por supuesto que no se trata de un destino trágico, las variables en cuanto al futuro de la política mexicana son tan amplias como incierto es el futuro. Sin embargo es importante dar la vos de alarma contra una orientación que sería catastrófica para el país. En el proceso de derechización, una izquierda fallida deja de ser, en términos prácticos, izquierda, pasando a ser una simple fase dentro del proceso de derechización. La resistencia popular evita el franco avance de las políticas necesarias para una -cada vez más desquiciada espiral de- concentración de la riqueza; poder avanzar en contra de los intereses de la mitad de la población, requiere al menos el consenso de la otra mitad (quienes no ganaran nada, salvo un lavado de cerebro gratuito). Una izquierda fallida es el mejor argumento para despojar a un pueblo bajo su consentimiento, un izquierda traidora es la mejor forma de hecer votar al pueblo a favor de políticas que van en contra de sus propios intereses, porque ya ha quedado descalificada cualquier otra alternativa y la derecha (igual que las monarquías medievales), llama a ser realistas.
Un ejemplo ya innegable del fracaso de la izquierda en latinoamericana, es el caso de Brasil, donde el electorado cedió el turno a uno de los partidos más retrógradas y reaccionarios que se hayan visto, respaldado por el evangelismo pentecostal y representado por un neo fascista simpatizante de la dictadura militar. El fantasma de la iglesia evangelista recorre América latina y se va asentando poco a poco en sus organismos políticos. Irónicamente, Lopez Obrador, tras ser comparado mañosamente con Maduro, aseguró que él se sentía más identificado con Lula. Es una ironía porque dentro de sus alianzas estratégicas reclutó al PES, un aliado de la iglesia a la que pertenecen Bolsonaro y sus secuaces. El PES es una fuerza menor en México, pero bastante significativa en Latinoamérica que ahora, gracias a la alianza con Morena, cuenta con una posición estratégica en la cámara de diputados y con presupuesto suficiente para configurar una estrategia con miras al 2024, cuando podría seguir los pasos de los evangelistas brasileños, quienes, luego de aliarse dos periodos seguidos con el PT, le dieron la cuchillada por la espalda.
Se acerca el primero de diciembre y no me queda sino desearle suerte al presidente electo, aunque no sin antes aclararle que, el tigre no se soltó: se rifó.

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