De qué manera la administración de la ONU organiza la guerra, por Thierry Meyssan

El documento interno de la ONU que acabamos de publicar demuestra que la administración de las Naciones Unidas actúa en contra de los (…) [Red Voltaire]

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Lira turca: La pasión turca de los mercados, en diez claves | Diario Público

La Turquía de Erdogan ha acabado con la imagen, no tan alejada en el tiempo, de que el mayor mercado de cultura islámica, constitucionalmente laico, podría incorporarse al club europeo. De raíces liberales y cristianas. Pero su viraje autoritario ha desencadenado una tormenta económica y una crisis geopolítica con EEUU de consecuencias imprevisibles.

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El otro tigre.

Periodo fraudulento 2018.

 

El líder moral y candidato presidencial de MORENA, nos informa que, de repetirse el fraude durante las elecciones de este año, se soltaría el “tigre”. Pero qué hay del tigre que anda suelto desde el fraude auspiciado por Porfirio Díaz y que se ha recrudecido en los últimos diez años. Un tigre de ferocidad ejemplar que difícilmente será superado, pues, aunque los niveles actuales de violencia nos coloquen como el segundo país más peligroso del mundo, aún no hemos alcanzado los niveles de la década de los treinta. El último siglo fue un periodo violencia constante, que apenas tuvo una pausa considerable durante el periodo comprendido por los años transcurridos de 1997 a 2007, pero que se reactivó de inmediato, produciendo el escenario que ahora sufrimos.

La violencia en el México pos-revolucionario se ha expresado de maneras distintas y sus manifestaciones han sido una cruel metáfora de la transformación política. Primero se dio la lucha entre los caudillos revolucionarios, por el control del estado, entre magnicidios y brotes insurgentes que trataban de imponer intereses particulares. Con el tiempo el poder se fue centralizando y los acuerdos cupulares, condujeron hacía la eliminación de los grupos minoritarios. Durante décadas el estado se dedicó a eliminar a sus enemigos de la forma más cínica y brutal; aplastando sindicatos, huelgas, movimientos estudiantiles y pro derechos humanos por igual.

Un quiebre histórico es marcado por el terremoto de 1985, el cual activa los movimientos gestados durante la década de los sesentas y los encausa hacia la candidatura presidencial de Cuauhtemoc Cárdenas en 1988. Carlos Salinas de Gortari gana la elección, en lo que hoy se reconoce como un fraude, que mantiene al partido heredero de la revolución en el poder, pero lo debilita a nivel representativo. La consecuencia es una crisis que se manifiesta en el más puro estilo caudillista, con el asesinato de Luís Donaldo Colosio, candidato delfín de Salinas. El vacío es ocupado por Ernesto Zedillo, una especie de mediador entre los intereses financieros (nacionales e internacionales) y las élites políticas agrupadas en torno al PRI. Bajo su gobierno se da la apertura a la transición democrática que dejara al PRD ganar la elección de la capital y al PAN la del gobierno federal, trayendo consigo un periodo de aparente recomposición nacional y relativa calma, que se refleja en los niveles de violencia.

Mientras tanto, excluido de la conformación del PRIAN, un PRI debilitado trabajaba en su reagrupación, sumando líderes y cabecillas a quienes no benefició la nueva conformación del estado nacional. En medio de esta dinámica, muchos grupos de élite, encargados de la represión y el trabajo sucio de las décadas anteriores, se independizan, formando organizaciones criminales, como los Zetas y el cártel de Atlacomulco. La capacidad de supervivencia de la casta revolucionaria, de sus múltiples vertientes y ramificaciones, mezclados en la sociedad y en la historia de nuestro país, se asemeja a los ejércitos invisibles del estado islámico, con la diferencia de que, en México, su principal resguardo está entre los grupos policiacos-militares. La guerra contra el narco, declarada por el presidente felipe Calderón, no es sino un esfuerzo por contener estas fuerzas, que amenazan su, ya de por si, endeble liderazgo y legitimidad. Se trata de una guerra perdida porque sus objetivos son claramente políticos y no logran contener a su adversario, como bien lo comprueba el regreso del PRI a los pinos, con Enrique Peña Nieto. Esta derrota desembocará en un pacto entre el viejo PRIAN y el nuevo PRIAN, un verdadero monstruo de Frankestein.

Sin embargo la “Pax Romana”, pactada entre Calderón y Peña Nieto, fue un fracaso, porque la fragmentación de los viejos poderes había alcanzado una magnitud que no podía ser abarcada, ni asimilada siquiera, por los nuevos actores. El viejo tigre se les fue de las manos, junto con la autoridad, el respeto y la legitimidad, necesarias para ejercer el orden y la gobernanza; es necesaria una nueva apertura democrática, que les deje espacio de continuidad y lo que sea que les reste de poder. El pacto de amplia inclusión con MORENA, pretende dejar pasar una lucha largamente buscada por el pueblo mexicano, al mismo tiempo que conserva, dentro de sus posiciones políticas y mandos estratégicos, a los representantes del modelo actual, como una salida desesperada, no sólo de su inevitable derrota, sino del caos en el que han hundido al país.

Como un destino trágico, los viejos monstruos del autoritarismo y la violencia, se revelan ahora contra sus creadores, provocando el periodo electoral con más candidatos asesinados, donde los más afectados son las coaliciones comandadas por PRI y PAN, aunque también los aliados de MORENA han sufrido sus bajas. Al parecer el equipo de AMLO tampoco está abarcando a todos los clientes de la transición, a pesar de la gran variedad de intereses admitidos hasta ahora. Las balas dejan un mensaje muy claro para los nuevos representantes del poder. Esta violencia mella la capacidad de los aparatos de representación popular, pues refuerza la idea de que todo se consigue por la fuerza y poco importa la voluntad del pueblo; es la herencia que deja un aparato en descomposición: el otro tigre. Una bestia que representa a lo peor del fenómeno político nacional, que se incluye en la agenda y en las decisiones nacionales por el uso de la fuerza, al más puro estilo caudillista.

La única posición coherente, ante el embate de estos actores en el escenario político-electoral, es una condena conjunta y simultánea, por parte todos los partidos políticos, que los diferencie y los aparte de manera contundente, de esa manera de gobernar que ha sido el cáncer de nuestra sociedad.

Política de Maquiavelo | Pensamiento | Política | El Viejo Topo

Apuntes sobre la política de Maquiavelo Pensamiento

por Antonio Gramsci

Origen: Política de Maquiavelo | Pensamiento | Política | El Viejo Topo

El carácter fundamental de El Príncipe no es el de ser un tratado sistemático, sino un libro “viviente”, donde la ideología política y la ciencia política se fundan en la forma dramática del “mito”. Entre la utopía y el tratado escolástico, formas bajo las cuales se configuraba la ciencia política de la época, Maquiavelo dio a su concepción una forma imaginativa y artística, donde el elemento doctrinal y racional se personificaba en un condottiero [capitán] que representa en forma plástica y “antropomórfica” el símbolo de la “voluntad colectiva”. El proceso de formación de una determinada voluntad colectiva, que tiene un determinado fin político, no es representado a través de pedantescas disquisiciones y clasificaciones de principios y criterios de un método de acción, sino como las cualidades, los rasgos característicos, deberes, necesidades, de una persona concreta, despertando así la fantasía artística de aquellos a quienes se procura convencer y dando una forma más concreta a las pasiones políticas [1].

El Príncipe de Maquiavelo podría ser estudiado como una ejemplificación histórica del “mito” de Sorel, es decir, de una ideología política que no se presenta como una fría utopía, ni como una argumentación doctrinaria, sino como la creación de una fantasía concreta que actúa sobre un pueblo disperso y pulverizado para suscitar y organizar su voluntad colectiva. El carácter utópico de El Príncipe reside en el hecho de que un Príncipe tal no existía en la realidad histórica, no se presentaba al pueblo italiano con caracteres de inmediatez objetiva, sino que era una pura abstracción doctrinaria, el símbolo del jefe, del condottiero ideal; pero los elementos pasionales, míticos, contenidos en el pequeño volumen y planteados con recursos dramáticos de gran efecto, se resumen y convierten en elementos, vivos en la conclusión, en la invocación de un príncipe “realmente existente”. En el pequeño volumen, Maquiavelo trata de cómo debe ser el Príncipe para conducir un pueblo a la fundación de un nuevo Estado y la investigación es llevada con rigor lógico y desapego científico. En la conclusión, Maquiavelo mismo se vuelve pueblo, se confunde con el pueblo, mas no con un pueblo concebido en forma “genérica”, sino con el pueblo que Maquiavelo previamente ha convencido con su trabajo, del cual procede y se siente conciencia y expresión y con quien se identifica totalmente. Parece como si todo el trabajo “lógico” no fuera otra cosa que una autorreflexión del pueblo, un razonamiento interno, que se hace en la conciencia popular y que concluye con un grito apasionado, inmediato. La pasión, de razonamiento sobre sí misma se transforma en “afecto”, fiebre, fanatismo de acción. He aquí por qué el epílogo de El Príncipe no es extrínseco, “pegado” desde afuera, retórico, sino que por el contrario debe ser explicado como un elemento necesario de la obra, o mejor, como el elemento que ilumina toda la obra y que aparece como su “manifiesto político”.

Política de MaquiaveloSe puede estudiar cómo Sorel, partiendo de la concepción de la ideología-mito no llegó a comprender el fenómeno del partido político y se detuvo en la concepción del sindicato profesional. Aunque es verdad que para Sorel el “mito” no encontraba su mayor expresión en el sindicato como organización de una voluntad colectiva, sino en la acción práctica del sindicato y de una voluntad colectiva ya actuante. La realización máxima de dicha acción práctica debía ser la huelga general, es decir, una “actividad pasiva” de carácter negativo y preliminar (el carácter positivo está dado solamente por el acuerdo logrado en las voluntades asociadas) que no preveía una verdadera fase “activa y constructiva”. En Sorel, por consiguiente, se enfrentaban dos necesidades: la del mito y la de la crítica del mito, en cuanto “todo plan preestablecido es utópico y reaccionario”. La solución era abandonada al impulso de lo irracional, de lo “arbitrario” (en el sentido bergsoniano de “impulso vital”) o sea, de la “espontaneidad” [2].

Pero puede un mito, sin embargo, ser “no constructivo” ¿Puede imaginarse, en el orden de intuiciones de Sorel, que sea productivo en realizaciones un instrumento que deja la voluntad colectiva en la fase primitiva y elemental del mero formarse, por distinción (por “escisión” [3]), aunque sea con violencia, es decir, destruyendo las relaciones morales y jurídicas existentes? Pero esta voluntad colectiva así formada de manera elemental, ¿no cesará súbitamente de existir, disolviéndose en una infinidad de voluntades singulares que en la fase positiva seguirán direcciones diferentes y contradictorias? Al margen de la cuestión de que no puede existir destrucción, negación, sin una construcción y una afirmación implícitas, entendida ésta no en un sentido “metafísico”, sino práctico, o sea políticamente, como programa de partido. En este caso se ve con claridad que detrás de la espontaneidad se supone un mecanicismo puro, detrás de la libertad (libre impulso vital) un máximo determinismo, detrás del idealismo un materialismo absoluto.

El moderno príncipe, el mito-príncipe, no puede ser una persona real, un individuo concreto; sólo puede ser un organismo, un elemento de sociedad complejo en el cual comience a concretarse una voluntad colectiva reconocida y afirmada parcialmente en la acción. Este organismo ya ha sido dado por el desarrollo histórico y es el partido político: la primera célula en la que se resumen los gérmenes de voluntad colectiva que tienden a devenir universales y totales. En el mundo moderno sólo una acción histórico-política inmediata e inminente, caracterizada por la necesidad de un procedimiento rápido y fulminante, puede encarnarse míticamente en un individuo concreto. La rapidez se torna necesaria solamente cuando se enfrenta un gran peligro inminente que provoca la inmediata exacerbación de las pasiones y del fanatismo, aniquilando el sentido crítico y la corrosividad irónica que pueden destruir el carácter “carismático” del condottiero (tal es lo que ha ocurrido en la ventura de Boulanger). Pero una acción inmediata de tal especie, por su misma naturaleza, no puede ser de vasto alcance y de carácter orgánico. Será casi siempre del tipo restauración y reorganización y no del tipo característico de la fundación de nuevos Estados y nuevas estructuras nacionales y sociales, tal como en el caso de El Príncipe de Maquiavelo, donde el aspecto de restauración sólo era un elemento retórico, ligado al concepto literario de la Italia descendiente de Roma y que debía restaurar el orden y la potencia de Roma [4]; será de tipo “defensivo” y no creativo original. Podrá tener vigencia donde se suponga que una voluntad colectiva ya existente, aunque sea desmembrada, dispersa, haya sufrido un colapso peligroso y amenazador, mas no decisivo y catastrófico y sea necesario reconcentrarla y robustecerla. Pero no podrá tener vigencia donde haya que crear ex novo una voluntad colectiva, enderezándola hacia metas concretas y racionales, pero de una concreción y racionalidad aún no verificadas y criticadas por una experiencia histórica efectiva y universalmente conocida.

El carácter “abstracto” de la concepción soreliana del “mito” aparece en la aversión (que asume la forma pasional de una repugnancia ética) por los jacobinos, quienes fueron ciertamente una “encarnación categórica” de El Príncipede Maquiavelo. El moderno Príncipe debe tener una parte destinada al jacobinismo (en el significado integral que esta noción ha tenido históricamente y debe tener conceptualmente), en cuanto ejemplificación de cómo se formó y operó en concreto una voluntad colectiva que al menos en algunos aspectos fue creación ex novo, original. Y es necesario que la voluntad colectiva y la voluntad política en general, sean definidas en el sentido moderno; la voluntad como conciencia activa de la necesidad histórica, como protagonista de un efectivo y real drama histórico.

Política de MaquiaveloUna de las primeras partes debería estar dedicada, precisamente, a la “voluntad colectiva”, planteando así la cuestión: “¿Cuándo puede decirse que existen las condiciones para que se pueda suscitar y desarrollar una voluntad colectiva nacional-popular?”, o sea efectuando un análisis histórico (económico) de la estructura social del país dado y una representación “dramática” de las tentativas realizadas a través de los siglos, para suscitar esta voluntad y las razones de sus sucesivos fracasos. ¿Por qué en Italia no se dio la monarquía absoluta en la época de Maquiavelo? Es necesario remontarse hasta el Imperio Romano (cuestiones de la lengua, los intelectuales, etc.), comprender la función de las Comunas medievales; el significado del catolicismo, etc. Es necesario, en suma, hacer un esbozo de toda la historia italiana, sintético pero exacto [5].

Las razones de los sucesivos fracasos de las tentativas de crear una voluntad colectiva nacional-popular hay que buscarlas en la existencia de determinados grupos sociales que se forman de la disolución de la burguesía comunal, en el carácter particular de otros grupos que reflejan la función internacional de Italia como sede de la Iglesia y depositaria del Sacro Imperio Romano. Esta función y la posición consiguiente determinan una situación interna que se puede llamar “económico-corporativa”, es decir, políticamente, la peor de las formas de sociedad feudal, la forma menos progresiva y más estancada. Faltó siempre, y no podía constituirse, una fuerza jacobina eficiente, precisamente la fuerza que en las otras naciones ha suscitado y organizado la voluntad colectiva nacional popular fundando los Estados modernos. Finalmente, ¿existen las condiciones para esta voluntad?, o sea, ¿cuál es la actual relación entre estas condiciones y las fuerzas opuestas? Tradicionalmente las fuerzas opuestas fueron la aristocracia terrateniente y más generalmente la propiedad fundiaria [del suelo] en su conjunto, con el característico elemento italiano de una “burguesía rural” especial, herencia de parasitismo legada a los tiempos modernos por la destrucción, como clase, de la burguesía comunal (las cien ciudades, las ciudades del silencio) [6]. Las condiciones positivas hay que buscarlas en la existencia de grupos sociales urbanos, convenientemente desarrollados en el campo de la producción industrial y que hayan alcanzado un determinado nivel de cultura histórico-política. Es imposible cualquier formación de voluntad colectiva nacional-popular si las grandes masas de campesinos cultivadores no irrumpen simultáneamente en la vida política. Esto es lo que intentaba lograr Maquiavelo a través de la reforma de la milicia; esto es lo que hicieron los jacobinos en la Revolución francesa. En esta comprensión hay que identificar un jacobinismo precoz en Maquiavelo, el germen (más o menos fecundo) de su concepción de la revolución nacional. Toda la historia de 1815 en adelante muestra el esfuerzo de las clases tradicionales para impedir la formación de una voluntad colectiva de este tipo, para mantener el poder “económico-corporativo” en un sistema internacional de equilibrio pasivo.

Una parte importante del moderno Príncipe [7] deberá estar dedicada a la cuestión de una reforma intelectual y moral, es decir, a la cuestión religiosa o de una concepción del mundo. También en este campo encontramos en la tradición ausencia de jacobinismo y miedo del jacobinismo (la última expresión filosófica de tal miedo es la actitud malthusiana de B. Croce hacia la religión). El moderno Príncipe debe ser, y no puede dejar de ser, el abanderado y el organizador de una reforma intelectual y moral, lo cual significa crear el terreno para un desarrollo ulterior de la voluntad colectiva nacional popular hacia el cumplimiento de una forma superior y total de civilización moderna.

Estos dos puntos fundamentales: la formación de una voluntad colectiva nacional-popular de la cual el moderno Príncipe es al mismo tiempo el organizador y la expresión activa y operante; y la reforma intelectual y moral, deberían constituir la estructura del trabajo. Los puntos concretos de programa deben ser incorporados en la primera parte, es decir, deben resultar “dramáticamente” del discurso y no ser una fría y pedante exposición de razonamientos.

¿Puede haber una reforma cultural, es decir, una elevación civil de los estratos deprimidos de la sociedad, sin una precedente reforma económica y un cambio en la posición social y en el mundo económico? Una reforma intelectual y moral no puede dejar de estar ligada a un programa de reforma económica, o mejor, el programa de reforma económica es precisamente la manera concreta de presentarse de toda reforma intelectual y moral. El moderno Príncipe, desarrollándose, perturba todo el sistema de relaciones intelectuales y morales en cuanto su desarrollo significa que cada acto es concebido como útil o dañoso, como virtuoso o perverso, sólo en cuanto tiene como punto de referencia al moderno Príncipe mismo y sirve para incrementar su poder u oponerse a él. El Príncipe ocupa, en las conciencias, el lugar de la divinidad o del imperativo categórico, deviene la base de un laicismo moderno y de una completa laicización de toda la vida y de todas las relaciones de costumbres.

Notas:

  1. Será necesario buscar en los escritores políticos que precedieron a Maquiavelo la existencia de escritos configurados como El Príncipe. Su misma conclusión está ligada a este carácter “mítico” del libro. Luego de haber representado al condottiero ideal, en un pasaje de gran eficacia artística, Maquiavelo invoca al condottiero real que históricamente lo personifique; y es esta invocación apasionada, que se refleja en todo el libro, la que le confiere precisamente el carácter dramático. En los Prolegomeni de Luigi Russo, Maquiavelo es llamado el artista de la política y una vez se encuentra también la expresión “mito”, pero no precisamente en el sentido arriba indicado.
  2. Habría que anotar una contradicción implícita en el modo en que Croce plantea su problema de historia y antihistoria con respecto a otros modos de pensar del mismo autor: su aversión a los “partidos políticos” y su forma de plantear la cuestión de la “previsibilidad” de los hechos sociales (cfr. Conversazione critiche, serie primera. pp. 150-152, reseña del libro de LUDOVICO LIMENTANI, La previsione dei fatti sociali, Turín, Bocca, 1907). Si los hechos sociales son imprevisibles y el mismo concepto de previsión es puro sueño, lo irracional no puede menos que dominar y toda organización de hombres es antihistórica, es un “prejuicio”. Sólo corresponde resolver en cada caso y con criterio inmediato, los particulares problemas prácticos planteados por el desarrollo histórico (Cfr. el artículo de CROCE, Il partito come giudizio e come pregiudizio en Cultura e vita morale) y el oportunismo es la única línea política posible.
  3. Para Sorel es vital que la clase obrera no establezca ninguna clase de compromiso con la burguesía, tanto en el dominio político (antiparlamentarismo) como en el dominio económico (organización de la cooperación obrera). La organización cooperativa posibilitaría el paso del instinto de clase a la conciencia de clase del proletariado, vale decir, el triunfo de la “escisión” de la sociedad. Dicha escisión, “sin la cual sería imposible para el socialismo cumplir con su papel histórico”, peligra a veces cuando la burguesía, temerosa de su futuro, cede en parte a las exigencias del proletariado. Esto explica la importancia que tiene en Sorel la teoría de la “huelga general”: “Gracias a ella el socialismo subsiste joven, parecen infantiles las tentativas encaminadas al logro de la paz social y las deserciones de los compañeros que se aburguesan, sobre no desanimar a las masas, las impelen más la rebeldía. En suma: la escisión no corre peligro de desaparecer” (SOREL: ob. cit., p. 123) (N. del T.).
  4. Más que por el modelo ejemplar de las grandes monarquías absolutas de Francia y de España, Maquiavelo fue impulsado a su concepción política de la necesidad de un Estado unitario italiano por el recuerdo del pasado de Roma.. Es necesario poner de relieve, sin embargo, que Maquiavelo no debe por ello ser confundido con la tradición literario-retórica. Primero, porque este elemento no es exclusivo, ni aún dominante, y la necesidad de un gran Estado nacional no es deducida de él, luego, porque el mismo reclamo a Roma es menos abstracto de lo que parece si es colocado puntualmente en el clima del Humanismo y del Renacimiento. En el libro VII del Arte de la guerra se lee: “Esta provincia (Italia) parece nacida para resucitar las cosas muertas, como se ha visto en el caso de la poesía, la pintura y la escultura”, ¿por qué no encontraría entonces la virtud militar?, etc. Habrá que reagrupar las otras menciones del mismo tipo para establecer su carácter exacto.
  5. Recordamos a los lectores que Gramsci desarrolla in extenso estos problemas tanto en Los Intelectuales y la Organización de la Cultura, como en Literatura y Vida Nacional, editados ambos por Editorial Lautaro. Sobre las Comunas, cfr. Il Risorgimento (Edit. Einaudi), obra en la que Gramsci analiza las causas que impidieron a las Comunas superar la fase “económica-corporativa” para constituirse en estados capitalistas plenos. (N. del T.),
  6. Ciudades del silencio (cittá del silenzio) fueron llamadas por Gabriele D’Annunzio, en sus Laudi, las ciudades italianas que luego de haber conocido un periodo de pleno florecimiento en el pasado, decayeron y se redujeron a centros burocrático-administrativos de escasa importancia. De su pasado esplendor aún conservan rastros en los monumentos y joyas arquitectónicas, lo cual las convierte en centro del turismo mundial, por ejemplo: Ravena, Siena, Bergamo, etc. (N. del T.).
  7. Gramsci hace mención aquí, como es evidente, de la Teoría del Partido de la clase obrera (N. del T.).

Periodo fraudulento 2018

La diversificación de los objetivos.

Andrés Manuel López Obrador ha asegurado que no bastaran seis años para acabar con la corrupción y recomponer el sistema político-gubernamental de nuestro país. Ésta es la afirmación más certera que se le ha escuchado en todas las campañas, desde el año 2000. Más allá de escandalosas amnistías y enredos aeroportuarios, el país se juega, en esta elección, la legitimidad de sus instituciones democráticas y/o aparatos electorales. En el fondo, lo que más daño ha sufrido, es el concepto de autoridad, que hoy se reduce a un objeto de burla para los incontables grupos criminales que acechan el territorio nacional, y en una causa de indignación para el resto de los habitantes, reducidos a vulgares víctimas de una extorsión constante.

La apuesta de morena, y de esa mayoría que le apoya, es que un triunfo contundente del partido político, sea suficiente para remover una primera capa de resistencia en el frente del grupo que actualmente ocupa el poder político y, por lo tanto, el gobierno de la nación. Luego, toda la estrategia se reduce a honestidad. Desafortunadamente no va a ser tan fácil. El proceso de recuperación de la paz y la justicia en México, tiene escasas posibilidades y enormes enemigos; una muestra bastante contundente la tendremos en los resultados de la elección del primero de julio.

AMLO va a ganar la presidencia, pero a un costo muy alto: además de los colados (políticos de toda factura que han saltado a morena para salvaguardar sus privilegios políticos), el fraude este año se va a enfocar en las cámaras. La enorme burocracia corporativa va a luchar, a como de lugar, por sus respectivos lugares dentro de la planta política. Van a utilizar, como nunca antes, aparatos y maquinarias para desviar (y transformar) los resultados de las casillas en favor de sus intereses.

Los ingenieros electorales (como hoy se auto-nombran los artífices del fraude) ya le midieron el agua a los camotes: el horno no está para bollos; va a haber que cambiar el objetivo clásico de ganar la presidencia a toda costa, por una meta algo más modesta y pragmática. Sus clientes, los funcionarios de alto rango y los líderes de los principales partidos políticos, ya han asumido la perdida y están dispuestos a canjear despensas, tinacos y presidencia de la república, a cambio de un buen porcentaje de puestos públicos. Aquí continúa el prian con toda su fuerza vital; nada de división ni derrota: hildebrando ya camina de la mano de monex; ya se inscriben muertos al padrón y se duplican credenciales; ya están impresas las boletas extra que se cambiarán por las usadas en las casillas; ya se entregaron todos los apoyos a la pobreza, a cambio de credenciales y lealtades; ya se prepara la artillería para el día de la elección. Todo el aparato terrorista-electoral (mapaches, carrusel, cabezas de marranos, amenazas de muerte, etc) está a la espera de la última batalla en la que se redondeará el número de votos fraudulentos, pero las principales cifras ya se recabaron.

El prd, pve y demás comparsas, acostumbrados ya desde hace tiempo a ocupar este tipo de posiciones dentro del juego electoral, seguramente conseguirán reafirmar algunos puestos dentro del tablero político, y poner su granito de arena para apoyar la estrategia de los jugadores más fuertes (a cambio de sus respectivos beneficios). Si no se consigue una mayoría suficiente para aislar al gobierno federal, la siguiente operación será durante las elecciones intermedias, donde la propaganda se concentrará en resaltar las fallas que, hasta ese momento, vaya cometiendo el equipo de López Obrador. El objetivo ahora es desgastar la imagen del próximo gobierno, para que no aspire a un segundo periodo dentro de seis años. Entonces la alternancia dará lugar a un nuevo y carismático candidato de derecha. Morena tendrá entonces la oportunidad de volver a contender dentro de 12 años, siempre y cuando aprenda y se ajuste a las reglas de la transición mexicana. La alternancia ha sido, hasta ahora, una repartición del botín. Las reglas establecen un mecanismo para que todo siga avanzando por ese camino. El reto de morena, pero sobre todo de los mexicanos, es trascender las formas de la política, que ajustan a todo candidato y/o partido político a un aparato viciado, en el que adaptarse significa corromperse.

Crisis civilizatoria y plurinominales

Modernidad cínica

La política contemporánea es un ajedrez de casino en que el eje del juego es el dinero, mientras que la ética pasa a ser una palabra más del diccionario demagógico. Lo que algunos han dado en llamar: “crisis secular del sistema financiero” o “crisis civilizatoria”. Aludimos a sistemas de pensamiento, doctrinas económicas o aparatos políticos, para no enredarnos en debates maniqueos, sobre culpables y malos de la historia, pues el poder involucra a quien lo ejerce y a quien lo concede; por ende, todos somos responsables. Es mucho más útil cambiar la estructura del poder que meter a uno o dos chivos expiatorios a la cárcel.

Sin embargo las estructuras de poder descansan sobre instituciones humanas, esto es: sobre las organizaciones de la sociedad que funcionan bajo la lógica de esas estructuras. Cuando deviene la caída de estas estructuras (comúnmente ocasionada por el movimiento de la base social), las cúpulas favorecidas por el ejercicio del poder, suman esfuerzos para mantener su lugar de privilegio, creando una estructura bipolar entre gobernantes y gobernados. El uso del poder militar o la implementación de un estado policíaco, suelen acompañar y reforzar “reformas del estado” destinadas a garantizar la continuidad de un modelo caduco y, por lo mismo, insostenible. Las fuerzas en pugna y las políticas represivas van produciendo la degeneración de las relaciones entre dominados y dominantes, hasta caer en extremos como el fascismo, donde las vías de negociación, cambio y transformación de la sociedad, son la brutalidad y la violencia.

Desde cualquier punto de vista, la nuestra es una época de cambios estrepitosos; de finales y comienzos históricos; de sacudidas a los sistemas y sus cúpulas. Vivimos un momento privilegiado, porque estamos siendo testigos del momento de quiebre de nuestra propia estructura: el momento en que las bases sociales (las masas de clase media y baja), han dejado de creer en el aparato y en sus representantes, y lo manifiestan a todo pulmón clamando por un cambio. Somos testigos, también, de como esas clases privilegiadas orquestan la estrategia para mantener su impunidad.

Tal vez hoy, como nunca antes, la realeza está prevenida de estos cambios y se ha preparado para sobrevivir a ellos (eso aún está por verse). Del mismo modo en que la historia la escriben los vencedores, la conjura es difundida como destino ineludible, a través los medios de comunicación, por medio de complejos métodos de manipulación y propaganda; métodos que se modernizan y toman desprevenido al usuario, por medio de tecnologías que invaden la privacidad de las redes sociales, y capitalizan los datos personales en producción de utopías electoreras. Utopías que forman percepciones y modulan mentes, haciéndolas a la idea de lo que es posible y lo que le conviene a cada uno, de acuerdo con la estructura vigente: la imposible de derrumbar.

Para lograr sus objetivos, los viejos monopolios, así como los criminales de guerra; los corruptos saqueadores del erario público, acompañados por los torturadores de la comandancia policíaca; los responsables de la contaminación industrial, los especuladores inmobiliarios y los curas pederastas; todos, en franca huida, nos señalan en otra dirección para distraernos. Nos hacen creer que existen dos caras separadas sobre una misma moneda; nos pintan una representación dónde hay políticos buenos y malos. Es el típico engaño del policía bueno y el policía malo: ¿Prefieres el peor o el menos peor? Lo único que no puedes elegir es la caída del sistema que te oprime.

La constante descalificación entre electores, propiciada por las redes sociales y las campañas de odio, crean el ambiente de polarización, propicio para que el público olvide y se confunda, pensando que una u otra masa derrota a su adversario, en lugar de voltear a ver a sus verdaderos enemigos. Ante esta cortina de humo, no es fácil distinguir quienes están golpeando y quienes son golpeados, mientras que sólo hay un grupo de ganadores: los plurinominales.

Los plurinominales son el caballo de troya, construido para salvar la vida de los poderosos. Gracias a la legalidad, a las reformas y al estado de derecho, los plurinominales gozan de unos derechos y una impunidad que sólo posee la realeza. Y no importan tus inclinaciones políticas ni cual sea el partido de tu preferencia; los plurinominales están en cada uno de ellos, se visten de todos los colores, les quedan todas las camisetas, adoptan todas las ideologías. Se yerguen, cínicos, con todo su fuero, frente a nuestra derrota. Como los dictadores y los militares, abrazándose tras haber aplastado a sus oponentes.

Tienen que permanecer ahí, en las posiciones clave del gobierno y la procuración de justicia, para salvaguardar los intereses de sus socios comerciales, de sus socios políticos, policiales, monopólicos, mineros, industriales, narcos. Los mismos que los apoyaron para escalar al lugar donde hoy se encuentran enquistados.

Polarización México 2018

No se trata solamente de dividir y vencer; hay que destruir cada uno de los nudos del tejido social, para así poder construir el individualismo: el maleable individualismo.

La polarización se logra mediante el distanciamiento de opiniones y posturas, mediante el endurecimiento de las convicciones y la estrechez de perspectivas. Dado que, la ausencia de puntos de acuerdo entre grupos de personas es imposible, la polarización acude a la negación como argumento primordial: la negación del otro. Y la negación transgrede los significados y el sentido de las cosas: algo que a nivel personal llamamos necedad, en el ámbito de la polarización adquiere tintes de identidad: identidad de grupo. Negar a los otros, confrontarlos de manera gratuita es algo que no haríamos en nuestra casa, en nuestra calle, en nuestro barrio. Pero lo que en un ambiente local podría considerarse como un acto inmaduro, se vuelve en el argumento legítimo de un líder, cuando este ejerce el oficio de la política. La polarización concede crédito a quién no lo tiene; revitaliza a viejos líderes decadentes y los dota de poder. Porque aquí se trata de tomar una opción entre dos extremos, donde no caben la negociación ni, mucho menos, el acuerdo. Es una guerra a muerte contra el otro, que es nuestro enemigo: la representación del mal. Hay que ganar a toda costa o el mundo sucumbirá abrazado por las llamas del infierno: las inaceptables ideas de nuestros semejantes.

En México la contienda política abandonó, desde hace mucho, el discurso coherente. La confrontación y el insulto son ingredientes de todo debate, sea este entre ociosos de las redes sociales o candidatos a la presidencia. Gana el que contesta más rápido y de forma más ingeniosa, como en la secundaria. El imperativo ganar rebasa toda moderación y/o civismo. Y no solamente en la discusión virulenta de la campaña: los valores se derrumban en todos los ámbitos, empujados por la rivalidad y la competencia sin tregua. Es válido aliarse con el enemigo, con tal de engrosar las filas de la militancia; es correcto incurrir en la contradicción, en el absurdo, abandonar los propios principios, traicionar la ética, siempre que esto sume votos a nuestro candidato; cualquier suciedad es aceptable con tal de aplastar al oponente (aunque el oponente se encuentre en nuestra lista de plurinominales).

Las diferencias solo conocen una forma de dirimirse: la derrota. De nada sirven los grandes argumentos de la política y la democracia; la vieja escuela sucumbió ante la fuerza muscular y el encanto varonil de Maquiavelo, ¡ese semental!

Qué es lo que hay que hacer para que la gente abandone su capacidad de comunicación, su capacidad de diálogo, su capacidad de ponerse de acuerdo. En qué momento se perdió la pluralidad de pensamiento, la pluralidad de opiniones, la pluralidad de opiniones políticas. LA PLURALIDAD. Respeto. Tolerancia.

Esta elección nos confronta a nosotros mismos: los unos contra los otros. Los partidos políticos y sus asesores, en su afán pueril por conseguir la mayor cantidad de votos, no pueden (o no quieren) ver que, más allá del placer inmediato, están las consecuencias a largo plazo: la radicalización y el extremismo. Los fantasmas de una historia mal aprendida dibujan un horizonte sombrío e incierto. Lo único seguro es que la próxima elección será ganada por el puntero indiscutible: la polarización.